¿Quién iba a imaginar que justo el aparato pensado para dejar la vajilla impecable acabaría convirtiéndose, a la vez, en un refugio para microorganismos? La evidencia científica apunta a lo mismo: en prácticamente todos los lavavajillas domésticos se instalan bacterias, hongos y biofilms persistentes, sobre todo en las juntas de goma y en rincones poco visibles. La buena noticia es que, con tres acciones concretas, se puede reducir de forma clara la carga microbiana.
Cuando el lavavajillas se convierte en un “piso” para gérmenes
Dentro de un lavavajillas se dan condiciones duras: agua muy caliente, detergentes potentes, humedad que sube y baja, pH elevado, presencia de sal y cambios bruscos de temperatura. A la mayoría de microorganismos este cóctel les resulta insoportable… pero hay auténticos especialistas que se adaptan sorprendentemente bien.
Precisamente a esos “supervivientes” se les ha seguido la pista en investigación. En un estudio de 2018 se analizaron 24 aparatos domésticos. En todos se encontraron biofilms sobre las juntas de goma: capas viscosas formadas por bacterias, levaduras y hongos, que se disponen como un escudo sobre la superficie.
Los biofilms funcionan como una fortaleza: dentro de su capa mucosa, los gérmenes resisten mucho mejor el calor, los detergentes y los programas cortos.
Entre las bacterias, aparecieron con especial frecuencia especies de los géneros Pseudomonas, Escherichia y Acinetobacter, grupos donde también existen los llamados patógenos oportunistas. En cuanto a hongos, destacaron levaduras del género Candida, detectadas en todos los equipos evaluados.
Levaduras negras: discretas, pero extraordinariamente resistentes
La junta de goma del marco de la puerta es un punto perfecto para los microbios: superficie irregular, humedad casi constante, restos de detergente y de comida. En ese entorno también prosperan las llamadas levaduras negras. Una especie conocida es Exophiala dermatitidis, un hongo capaz de tolerar ambientes muy calientes, salinos y alcalinos.
Las mediciones indican que en un solo centímetro cuadrado de junta puede haber hasta millones de unidades formadoras de colonias de estos hongos. En personas sanas, el riesgo suele ser bajo. Aun así, quienes tengan el sistema inmunitario muy debilitado deberían extremar la higiene del interior del aparato y no pasar por alto lavavajillas muy antiguos, con olor a humedad o con depósitos negros visibles.
Por qué las temperaturas demasiado bajas empeoran el problema
En muchos hogares se recurre casi exclusivamente a programas “eco” de 30 a 45 grados para ahorrar energía. Esto alivia el gasto eléctrico, pero favorece la supervivencia de los biofilms porque no reciben suficiente calor como para dañarse de verdad.
Al mismo tiempo, las grasas y los restos de comida se van acumulando en el filtro, en las paredes y en los brazos aspersores. Ahí encuentran alimento los microorganismos; la capa mucosa engorda y se vuelve más estable ciclo tras ciclo.
- Temperaturas bajas: limpian la vajilla de forma limitada y apenas perjudican a los biofilms.
- Fases prolongadas de humedad: impulsan el crecimiento de bacterias y hongos.
- Residuos de comida: actúan como una fuente ideal de nutrientes.
Qué ocurre al abrir la puerta cuando todavía está caliente
Tras terminar el programa, muchas personas abren el lavavajillas de inmediato, cuando aún sale vapor. En ese momento se libera una bocanada de aire caliente con microgotas finas desde el interior. Los investigadores hablan de una posible “nube de aerosoles” capaz de arrastrar esporas y bacterias hacia el aire de la cocina.
Un trabajo de 2024 señala esta dispersión de microorganismos, aunque el beneficio sanitario exacto de medidas higiénicas más estrictas todavía se está estudiando. Lo que sí está claro es que las superficies cálidas y húmedas -ya sea una esponja, un cepillo de fregar o una junta- albergan bastantes más gérmenes que los materiales que pueden secarse bien entre usos.
Quien deja la puerta entreabierta y permite que el lavavajillas se seque bien, le quita a muchos gérmenes su base para sobrevivir.
Tres medidas concretas para un lavavajillas mucho más limpio
1) Limpiar a fondo las juntas del lavavajillas
La junta de goma de la puerta es el foco principal. Ahí se queda atrapado todo lo que se incrusta en ranuras y pliegues. Una rutina sencilla, pero eficaz:
- Retirar a la vista migas y depósitos adheridos.
- Mojar un cepillo de dientes viejo en una mezcla de agua caliente y vinagre blanco doméstico.
- Frotar con energía la junta, incluyendo la parte inferior y las esquinas.
- Secar con un paño para que no quede humedad estancada en los pliegues.
El vinagre aporta ácido acético, que ataca la película alcalina derivada de restos de detergente y debilita estructuras fúngicas. Además, mucha gente añade un poco de jabón negro o un lavavajillas suave para ayudar a disolver mejor la grasa.
2) Limpiar el filtro y la base con regularidad
La zona inferior del aparato, donde está el filtro, suele pasarse por alto, pero allí acaba toda la suciedad de cada lavado. Si no se controla, se está ofreciendo a los microorganismos una despensa generosa.
- Una vez por semana, sacar el filtro y desechar los restos grandes.
- Aclarar el filtro con agua lo más caliente posible, usando una brocha suave si hace falta.
- Limpiar la base de la cuba, eliminando marcas y depósitos.
- Al final, espolvorear un poco de bicarbonato (bicarbonato sódico) en el fondo: ayuda a neutralizar olores y actúa de forma ligera contra el crecimiento de hongos.
Si se mete a menudo vajilla muy sucia, conviene repetir estos pasos con más frecuencia. Así también disminuye la probabilidad de que aparezcan malos olores.
3) Brazos aspersores y ciclo en vacío a alta temperatura
Los brazos aspersores distribuyen el agua y el detergente para que lleguen a todas partes. Sin embargo, sus boquillas finas se obstruyen con facilidad por cal, grasa o pequeñas partículas de comida. Cuando eso ocurre, se crean zonas “muertas” dentro del lavavajillas donde los gérmenes se mantienen sin molestias.
Rutina mensual recomendada:
- Retirar los brazos aspersores siguiendo las instrucciones del fabricante.
- Enjuagarlos bajo el grifo.
- Desatascar con cuidado las boquillas con un palillo o un alambre fino.
- Después, poner un ciclo en vacío a un mínimo de 60 grados, idealmente con unas seis cucharadas soperas de ácido cítrico en el interior para descalcificar conductos y piezas metálicas.
La temperatura alta reduce muchas bacterias sensibles al calor. A la vez, el ácido cítrico disuelve la cal, un lugar donde los gérmenes tienden a instalarse con gusto.
¿Cada cuánto conviene hacer qué? Guía rápida
| Medida | Frecuencia recomendada |
|---|---|
| Limpiar la junta | cada 1–2 semanas |
| Limpiar filtro y base | 1× por semana; con uso intensivo, más a menudo |
| Limpiar brazos aspersores | 1× al mes |
| Ciclo en vacío a partir de 60 grados | 1× al mes; si se usa mucha baja temperatura, más a menudo |
| Dejar la puerta entreabierta tras el lavado | después de cada ciclo |
¿Quién debería prestar especial atención a la higiene del lavavajillas?
Para la mayoría de personas sanas, la película de gérmenes en el lavavajillas no supone una amenaza dramática en el día a día. Aun así, una rutina de mantenimiento constante merece la pena si en casa hay niños pequeños, personas mayores o con enfermedades graves previas.
También quienes tienen alergias o patologías respiratorias crónicas reaccionan con mayor facilidad a cargas elevadas de moho y esporas en interiores. En esos casos, depósitos negros visibles en la junta o un olor a humedad procedente del aparato deberían interpretarse como una señal de aviso.
Quien trata su lavavajillas como un electrodoméstico “con plan de mantenimiento” baja el nivel de gérmenes… sin necesidad de química especial.
Cómo influyen el detergente, la sal y el abrillantador
Los tabs y los detergentes en polvo actuales suelen limpiar de forma fiable. Aun así, la dosis importa: demasiado poco detergente facilita que se queden grasas y depósitos; demasiado puede dejar restos que, a su vez, aportan nutrientes a los biofilms.
La sal del lavavajillas mantiene operativo el descalcificador integrado, evita capas de cal y, con ello, elimina “escondites” para los gérmenes. Si el agua del grifo es muy dura, conviene no apurar el depósito de sal. El abrillantador, aunque está pensado sobre todo para que los vasos queden sin marcas, también ayuda a que el agua escurra mejor, lo que acelera el secado del interior.
Lo que muchos pasan por alto: qué hacer después del ciclo
Tan importante como el propio lavado es lo que sucede en las horas siguientes. Si el lavavajillas se queda completamente cerrado, el aire cálido y húmedo se acumula dentro: un escenario ideal para los microorganismos.
- Al terminar el programa, abrir la puerta ligeramente para que salga el vapor.
- No dejar cubiertos y platos mojados dentro durante días.
- Retirar los restos grandes de comida antes de cargar, en lugar de “lavarlos” dentro con el ciclo.
Con estos hábitos sencillos, el “ecosistema” interior se reduce de forma notable. Mucha gente lo nota primero por el olfato: el típico “olor a máquina” suele desaparecer tras unas semanas de cuidado constante.
Mantener la higiene del lavavajillas no tiene por qué convertirse en un proyecto enorme. Si se vigilan juntas, filtro y brazos aspersores, se programa de vez en cuando un ciclo en vacío caliente y no se vuelve a cerrar la puerta justo después del lavado, los biofilms pierden comodidad… y el aparato vuelve a hacer lo que promete: dejar la vajilla realmente limpia.
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