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Las probabilidades de un impacto tipo Tunguska en 2032 se han duplicado.

Mujer trabajando con simulación espacial en ordenador, taza y globo terráqueo humeante en escritorio.

A finales de 2024, los astrónomos detectaron un asteroide en el cielo nocturno.

Se le asignó la letra Y por haberse descubierto en la segunda quincena de diciembre, y la combinación R₄ porque fue la roca número 117 localizada en esas últimas semanas de diciembre. Al haberse identificado en 2024, quedó catalogado como 2024 YR₄.

Primeras estimaciones sobre 2024 YR₄: probabilidad de impacto y qué significa

Como es habitual, en cuanto se identifica un objeto de este tipo se empieza a monitorizarlo: se registra su posición repetidas veces para acotar su órbita. En este caso, los cálculos iniciales sugerían un 1% de posibilidades de que chocara con la Tierra. Con nuevas observaciones, esa probabilidad se ha incrementado a más del doble.

En el momento de escribir esto, se estima un 2.3% de probabilidad de impacto con la Tierra el 22 de diciembre de 2032. Aunque pueda recordar al argumento de No mires arriba, no se trata de algo especialmente raro.

Tal y como muestra la imagen (con posibles puntos de trayectoria), ese 2.3% no equivale a una simple “tirada de dado”. Significa que, cuando los astrónomos ejecutan 1,000 simulaciones orbitales basadas en los datos disponibles, 23 de ellas terminan con un impacto contra la Tierra.

La trayectoria más probable en este momento apunta a un paso cercano a 240,000 km de la Tierra: una distancia dentro de la órbita de la Luna, pero sin resultar peligrosamente próxima.

Evaluación del riesgo: NASA, la escala de Turín y la incertidumbre orbital

Así que, aunque la probabilidad haya aumentado, no hay una gran preocupación entre los especialistas. Cuando 2024 YR₄ tenía un riesgo inferior al 1%, la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria (PDCO) de la NASA lo calificó con un 3 en la escala de Turín, lo que implica que conviene vigilarlo. Con un 2.3% de riesgo, continúa siendo un 3.

En el seguimiento de asteroides como este, hay algo que se conoce con certeza: las estimaciones tempranas vienen cargadas de incertidumbre. A diferencia de las órbitas planetarias, las trayectorias de los asteroides pueden ser sorprendentemente difusas. Los tirones gravitatorios de objetos cercanos pueden modificar ligeramente su recorrido. En el caso de 024 YR₄, una de las principales fuentes de incertidumbre es la propia Tierra.

En 2028 pasará a unos 8 millones de kilómetros de nuestro planeta. Precisamente entonces los astrónomos podrán afinar mucho más la órbita mediante mediciones más precisas. Será en ese momento cuando se verá si hace falta empezar a preparar medidas. Y, aunque se llegara a concluir que la probabilidad de impacto roza el 100%, aun así no habría motivo para entrar en pánico, por varias razones.

La primera es que sabemos que está ahí. El mayor peligro con los asteroides no suele venir de los que se acercan lentamente desde el exterior del Sistema Solar. El riesgo más serio lo plantean casos como el de Cheliábinsk, que llegó desde la dirección del Sol y nos pilló desprevenidos.

Todavía quedan años para gestionar 2024 YR₄, y su órbita es de un tipo que nos daría buenas opciones de desviarlo. Además, incluso si se diera el peor escenario posible, 2024 YR₄ no es lo bastante grande como para provocar un evento de extinción. El escenario realmente aterrador sería que impactara en una zona con una densidad de población muy alta.

Habría que evacuar a las personas del área en riesgo, pero contaríamos con unos cuantos años para hacerlo. Un impacto sería grave, aunque la exposición al peligro podría reducirse de forma notable.

Aun con todo lo anterior, conviene recordar que los cálculos de trayectoria en fases iniciales pueden oscilar mucho. Es posible que la probabilidad vuelva a subir de forma considerable antes de bajar, pero lo más probable es que, con el tiempo, acabe reduciéndose a cero.

Si quieres seguir la evolución de 2024 YR₄, consulta la página de Defensa Planetaria de la NASA.

Este artículo se publicó originalmente en Universo Hoy. Lee el artículo original.

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