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Según 60 Millions de Consommateurs, hay 3 marcas de cerveza que deberías evitar.

Hombre compara dos botellas de cerveza en el pasillo de un supermercado con cesta de la compra en mano.

En una investigación reciente, la revista 60 Millions de Consommateurs analizó decenas de cervezas populares a la venta en supermercados franceses, evaluándolas por residuos de pesticidas, claridad del etiquetado y relación calidad-precio. Tres marcas muy conocidas acabaron en una zona roja que la publicación define sin rodeos como “cervezas que no hay que comprar”.

Por qué los análisis franceses de 60 Millions de Consommateurs miran tu pinta con otros ojos

En Europa, la cerveza suele venderse como algo sencillo y de toda la vida: cebada, lúpulo, agua y levadura. Sin complicaciones. Sin embargo, esta nueva investigación francesa sugiere que el relato se enturbia cuando entran en juego los pesticidas.

Para el estudio, 60 Millions de Consommateurs envió 45 cervezas a laboratorio: 39 lagers (las “blondes” en francés) y seis cervezas de trigo (las “blanches”). El equipo buscó alrededor de 250 moléculas de pesticidas, de las que se usan habitualmente en campos de cebada y plantaciones de lúpulo.

"De las 45 cervezas analizadas, 34 contenían residuos de pesticidas detectables, mientras que 11 no mostraron rastro alguno."

Las pruebas señalaron cuatro sustancias principales: el polémico herbicida glifosato y tres fungicidas empleados para proteger los cultivos frente a mohos y enfermedades: boscalid, folpet y ftalimida.

El glifosato apareció en 25 cervezas, incluidas dos etiquetadas como ecológicas. Las concentraciones variaron mucho: desde aproximadamente 0.41 microgramos por litro hasta cerca de 9.23 microgramos por litro. Una lager tipo abadía muy conocida, Affligem Blonde, registró el nivel más alto de glifosato de toda la muestra, rozando los 9.3 microgramos por litro.

¿Es peligroso, o simplemente desagradable?

Aun así, ese valor máximo queda muy por debajo de cualquier riesgo agudo. La revista calculó que una persona tendría que beber casi 2,000 litros de la cerveza más contaminada en un solo día para superar la ingesta diaria admisible de glifosato establecida por las autoridades sanitarias.

Por tanto, no se trata de que alguien vaya a desplomarse tras un par de pintas. La inquietud es más matizada: una exposición repetida, a dosis bajas, que se suma a los pesticidas procedentes de otros alimentos y del agua de bebida.

"El mensaje del organismo vigilante tiene menos que ver con la toxicidad inmediata y más con la exposición a largo plazo, las prácticas agrícolas y la calidad real de las materias primas."

Para muchos consumidores, el efecto psicológico puede ser mayor que el toxicológico. A menudo se percibe la cerveza como un producto “natural”. Descubrir que puede arrastrar discretamente un cóctel de trazas de herbicidas y fungicidas desgasta esa imagen.

Las 3 cervezas que la revista dice que no deberías comprar

Tras cruzar los datos de laboratorio con la revisión de etiquetas, reclamos de marketing y precios, la publicación destacó tres cervezas que, según su criterio, conviene no incorporar a la compra habitual.

"Según las pruebas, tres nombres muy conocidos destacan por residuos de pesticidas por encima de la media y una relación calidad-precio decepcionante."

Marcas señaladas

  • Affligem Blonde – una lager industrial de estilo abadía.
  • Hoegaarden – una cerveza de trigo muy popular de estilo belga.
  • Itinéraire des Saveurs Blonde – una lager de marca blanca de supermercado vendida en Francia.

En estas tres, los niveles de pesticidas quedaron por encima de la media del panel de 45 cervezas, con Affligem Blonde a la cabeza en glifosato. Sobre el papel, todo permanece con margen respecto a los límites regulatorios, pero la revista pone en duda la elección de materias primas y el abastecimiento agrícola en marcas que se apoyan con fuerza en imágenes de herencia y autenticidad.

Los investigadores también criticaron el etiquetado. En algunas botellas, la información sobre el origen de los cereales o del lúpulo es escasa. Otras recurren a expresiones e imágenes que remiten a monasterios o pequeños pueblos, pese a que la producción se realiza a escala plenamente industrial para grandes grupos internacionales.

El precio también influyó. Para 60 Millions de Consommateurs, el coste por litro no se correspondía con el contenido real ni con la transparencia ofrecida al comprador, en comparación con cervezas competidoras de los mismos lineales.

¿Qué cervezas salieron más limpias en el análisis?

El panorama no es del todo negativo. De las 45 cervezas evaluadas, 11 no presentaron residuos de pesticidas detectables. Y, de forma llamativa, no todas eran artesanas de nicho con precios elevados.

Varias lagers muy corrientes obtuvieron buenos resultados en el apartado de pesticidas, entre ellas:

  • Heineken Lager
  • Carlsberg
  • 33 Export

Estos datos apuntan a que la producción industrial a gran escala no implica necesariamente más residuos de pesticidas. Los grupos cerveceros que controlan estrechamente la cadena de suministro, o que exigen estándares más estrictos a los productores de cereal, pueden lograr perfiles más limpios en esta métrica concreta.

"Algunas de las mayores marcas internacionales mostraron cero residuos detectables, lo que demuestra que un abastecimiento más limpio es técnicamente posible."

La investigación, aun así, no llega a declarar ninguna cerveza como completamente “segura” o “insegura”. El mensaje central es que existen diferencias visibles entre productos y que el consumidor puede fijarse en ciertos indicadores sencillos para elegir opciones mejores.

Cómo elegir una cerveza mejor en el supermercado

Delante del estante de cervezas, la mayoría se fija en el precio, el grado alcohólico y quizá el envase. Las pruebas francesas sugieren incorporar algunos hábitos más.

Comprobaciones prácticas antes de meterla en la cesta

  • Lee la lista de ingredientes: cuanto más corta, mejor. Agua, cebada malteada (o trigo), lúpulo y levadura son la base. Azúcares añadidos, saborizantes o “aroma” pueden aportar complejidad… o simplemente abaratar.
  • Busca detalles de origen: algunas cerveceras ya indican de dónde proceden su cebada y su lúpulo, y si colaboran con agricultores o programas concretos. Esa trazabilidad suele reflejar un mayor control de las prácticas agrícolas.
  • Compara el precio por litro: las etiquetas “premium” y el branding pseudo-monástico suelen encarecer el producto. El estudio francés sugiere que ese sobreprecio no siempre se justifica por la calidad.
  • Fíjate en los sellos ecológicos, pero con realismo: la agricultura ecológica reduce de forma notable el uso de pesticidas. Aun así, las pruebas hallaron que incluso algunas cervezas ecológicas contenían trazas diminutas, probablemente por deriva ambiental o por equipos compartidos.
  • Alterna marcas: ir rotando entre cervezas y estilos limita la exposición repetida a los mismos patrones de residuos.

Hay algo que no cambia: la cerveza debe consumirse con moderación, independientemente de los niveles de residuos. Las recomendaciones de salud pública en muchos países europeos suelen proponer varios días sin alcohol a la semana y un tope de unidades semanales.

Qué hacen el glifosato y los fungicidas en tu pinta

El glifosato es un herbicida de amplio espectro usado para eliminar malas hierbas en el campo. La cebada y el trigo destinados a elaboración cervecera pueden recibir tratamientos de forma directa o indirecta, por el control de hierbas en parcelas colindantes. Una vez absorbidas por la planta o el suelo, pequeñas cantidades pueden acabar en el grano cosechado.

Los fungicidas como boscalid y folpet se aplican para combatir mohos que comprometen el rendimiento. La cebada es especialmente vulnerable en temporadas húmedas, de modo que muchos agricultores dependen de estos químicos para asegurar la cosecha.

Sustancia Función en agricultura Por qué termina en la cerveza
Glifosato Herbicida para limpiar parcelas Los residuos pueden permanecer en el grano destinado a malteado
Boscalid Fungicida contra enfermedades del cultivo Se pulveriza sobre la cebada; pueden persistir trazas tras la recolección
Folpet Fungicida para controlar el mildiu Se usa durante el crecimiento; pequeñas cantidades pueden pasar al producto final
Ftalimida Producto de degradación ligado al folpet Aparece como compuesto de descomposición tras el tratamiento

Las agencias de seguridad alimentaria de la UE fijan límites máximos de residuos y topes de exposición diaria para cada sustancia. Las cervezas vendidas en Europa deben cumplir esos estándares. Las pruebas francesas confirman que las cervezas muestreadas no los superaron, pero plantean si el consumidor está cómodo con un “fondo” legal pero prescindible de pesticidas en una bebida que, en teoría, podría estar libre de residuos.

Qué implican estos resultados para quien bebe fuera de Francia

Aunque la investigación se centró en cervezas vendidas en supermercados franceses, las marcas citadas están ampliamente disponibles en el Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos y otros países. Las recetas y el abastecimiento pueden variar ligeramente según el mercado, pero las cadenas de suministro de los grandes grupos suelen estar integradas a escala global.

Para el consumidor internacional, estos hallazgos funcionan más como un aviso que como un veredicto definitivo sobre cada botella de una marca concreta. Aun así, abren preguntas razonables que se pueden aplicar en casa: ¿la etiqueta aporta información concreta sobre ingredientes y origen, o solo intenta venderte un estilo de vida?

Pensar la cerveza dentro de tu exposición total

Una sola cerveza con trazas de glifosato no va a determinar por sí misma tu salud. Donde cobra relevancia es al sumar todo: residuos en frutas y verduras, trazas en el agua del grifo, restos en alimentos a base de cereales y, después, lo que aparece en el vaso.

Una respuesta práctica consiste en fijarse en patrones, no en el pánico. Optar por productos con perfiles de análisis más limpios, incorporar opciones ecológicas cuando sea posible, lavar la fruta y la verdura y reducir el consumo total de alcohol disminuye esa carga acumulada sin exigir cambios de vida imposibles.

Para quien disfruta de una pinta bien fría, esta investigación francesa no es tanto una invitación a dejar la cerveza como un empujón a comprar con un poco más de curiosidad. Mirar etiquetas, desconfiar de ciertos reclamos de marketing y cambiar de marca de vez en cuando puede enviar una señal silenciosa a cerveceras y agricultores: que lo de estar libres de residuos, de verdad, importa a quien sostiene el vaso.

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