Una joven empresa californiana hace girar cabezas de perforación como si estuviera abriendo un nuevo yacimiento de petróleo o gas. Sin embargo, lo que está tomando forma allí es algo completamente distinto: el primer prototipo de un reactor nuclear enterrado a gran profundidad. Sus promotores quieren trasladar a la propia geología la función protectora que hoy cumplen las cúpulas de hormigón y los contenedores de acero, con la intención de replantear de arriba abajo la vida útil, los costes y el debate sobre la seguridad de la energía nuclear.
Inicio de las perforaciones en Kansas: el reactor de Deep Fission desaparece a 1,8 kilómetros bajo la roca
La compañía Deep Fission ha empezado a perforar los primeros pozos de prueba en Parsons, en el estado estadounidense de Kansas. El plan arranca con tres perforaciones de reconocimiento destinadas a comprobar si el subsuelo se comporta como anticipan los modelos informáticos. Cada pozo debería bajar hasta unos 1830 metros y tener un diámetro de apenas 20 centímetros.
Desde el punto de vista técnico, el proyecto se apoya en herramientas habituales de la industria del petróleo y el gas. Al recurrir a técnicas de perforación estándar, el coste cae de forma notable porque no hace falta inventar una infraestructura completamente nueva. La clave es usar métodos conocidos para un uso inédito: no extraer recursos fósiles, sino “encajar” literalmente una central compacta dentro de la roca.
"Deep Fission quiere lograr antes de julio de 2026 la criticidad de un núcleo de reactor a casi dos kilómetros de profundidad; es decir, producir electricidad con una minicentral nuclear subterránea."
Para este objetivo, Kansas se considera un emplazamiento especialmente adecuado. La zona está bien estudiada desde el punto de vista geológico, presenta capas de roca estables y compactas y registra poca actividad tectónica. Precisamente esas formaciones masivas y de baja permeabilidad al agua deberían rodear más adelante al reactor como si fueran una armadura natural.
Del pozo de prueba a la central: así funcionaría el módulo nuclear subterráneo
Una vez terminadas las tres perforaciones de reconocimiento, Deep Fission prevé abrir un cuarto pozo, que sería el alojamiento definitivo del reactor. El conjunto se parece más a un módulo técnico inspirado en una columna de perforación (drill string) que a los voluminosos edificios de una central nuclear convencional.
Según el plan de la empresa, la secuencia sería la siguiente:
- Perforar un pozo vertical hasta alrededor de 1,8 kilómetros de profundidad
- Acondicionar el tramo inferior como una cavidad llena de agua
- Ensamblar el módulo compacto del reactor suspendido de un cable de alta resistencia
- Descender el módulo hasta la zona inundada
- Conectar en superficie las líneas de refrigeración y de evacuación eléctrica
El reactor en sí se basa en un tipo bien conocido: el reactor de agua a presión (Druckwasserreaktor), ampliamente utilizado en el mundo, aunque aquí se reduce de tamaño y se adapta geométricamente al formato de un sondeo. Como combustible se emplearía uranio poco enriquecido, que Deep Fission pretende suministrar mediante un acuerdo con Urenco USA.
La potencia prevista es de 15 megavatios térmicos. Tras la conversión mediante una turbina, quedarían aproximadamente 5 megavatios eléctricos. Esta escala encaja mejor con un único centro de datos, una instalación industrial aislada o un campus grande que con el consumo de una gran ciudad.
El agua como “recipiente” natural de presión y la roca como barrera biológica
En las centrales nucleares tradicionales, varios cientos de toneladas de acero y gruesos muros de hormigón se encargan de la contención de presión y de la protección radiológica. En el planteamiento de Deep Fission, buena parte de esas funciones pasaría a depender de la naturaleza y de la gravedad.
Por encima del núcleo habría una columna de agua de unos 1,8 kilómetros, capaz de generar una presión enorme: según la empresa, alrededor de 160 bar. A esa profundidad, la propia columna de agua actuaría como un recipiente natural de presión del reactor. Esto permitiría prescindir de vasijas de acero de paredes extremadamente gruesas y mantener un diseño más esbelto.
La roca circundante desempeñaría un segundo papel clave: serviría como pantalla frente a la radiación y como última barrera hacia el exterior. En reactores en superficie, varios metros de hormigón armado y estructuras adicionales buscan que, en caso de accidente, salga al entorno la menor radiactividad posible. Bajo tierra, esa función debería cumplirla de manera permanente y sin mantenimiento el manto rocoso.
"La idea: en el peor escenario, las sustancias radiactivas quedarían atrapadas a casi dos kilómetros de profundidad, bloqueadas por estratos compactos y de muy baja permeabilidad."
Que ese blindaje geológico funcione no se da por hecho. Las perforaciones de reconocimiento también pretenden medir con precisión la dureza, la presencia de fracturas y la permeabilidad al agua de cada capa. Solo si la roca se considera estable a largo plazo se perforaría el pozo definitivo del reactor.
Coste, velocidad y riesgo: qué podría cambiar en la economía del proyecto
En todo el mundo, la energía nuclear arrastra un problema serio de costes: los grandes proyectos suelen sobrepasar presupuestos y calendarios. Deep Fission quiere atacar justo ese punto y promete recortar de forma drástica la inversión necesaria por megavatio.
Según estimaciones que circulan en el entorno de la empresa, el precio por potencia instalada podría bajar a aproximadamente una quinta parte del de los grandes reactores actuales. Dos elementos explicarían especialmente esa reducción:
- La eliminación de enormes estructuras de hormigón y acero en superficie
- El uso de equipos y técnicas de perforación maduros de la industria del petróleo y el gas
La compañía habla de plazos de construcción de alrededor de seis meses para un solo módulo, frente a los muchos años que suele requerir una central nuclear clásica. Para los inversores, el enfoque se parece al de una start-up de tecnología energética con gran capacidad de multiplicación: menos tiempo de preparación, unidades más pequeñas y posibilidad de escalar como un campo de perforación.
Deep Fission afirma haber captado ya unos 80 millones de dólares. Ese capital se destina a perforaciones, desarrollo del reactor y tramitación de autorizaciones. Si un minirreactor puede conectarse a la red a los costes que se anuncian es algo que aún tendrá que demostrar la prueba de campo en Kansas.
Seguridad basada en la profundidad: nuevas propuestas, nuevas incógnitas
Los desarrolladores apuestan por la seguridad pasiva. En términos sencillos: confiar en la física, y no en sistemas complejos, para mantener bajo control situaciones críticas. Si la reacción en cadena se detiene de golpe o se produce otro incidente, la columna de agua superior aportaría refrigeración natural. El agua caliente asciende y la fría desciende, creando un ciclo que podría funcionar sin bombas.
La geometría vertical y estrecha del pozo también busca limitar el impacto de los terremotos. Mientras que largas tuberías y edificios extensos en superficie pueden ser sensibles a movimientos horizontales, el reactor de Deep Fission quedaría alojado en una cavidad cilíndrica y ajustada. La forma en que se transmite el movimiento del terreno cambia y las fuerzas se repartirían de manera relativamente uniforme alrededor del pozo.
Aun así, persisten preguntas importantes que hoy ocupan a reguladores y especialistas, por ejemplo:
- ¿Cómo se detectarían fugas o daños de materiales a 1800 metros de profundidad?
- ¿Qué opciones de intervención existirían si las conducciones o el propio módulo del reactor se atascan?
- ¿Cómo se recuperaría con seguridad un núcleo agotado, o se prevé dejarlo de forma permanente dentro de la roca?
Estas cuestiones rozan también debates éticos y políticos: ¿es aceptable que los operadores actuales sitúen residuos radiactivos en profundidades de las que, en la práctica, casi no podrían recuperarse? ¿O precisamente ese “efecto de almacenamiento geológico” es, para parte de los críticos, una ventaja porque mantendría mejor aislados a las personas y al medio ambiente?
Para qué sirve un reactor subterráneo de 5 megavatios
Con 5 megavatios de potencia eléctrica, Deep Fission no apunta a abastecer regiones completas, sino a grandes consumidores muy concretos. Los centros de datos están entre los objetivos principales. Su demanda eléctrica crece a gran velocidad, impulsada por servicios en la nube y aplicaciones de IA. A la vez, muchos emplazamientos se encuentran en zonas donde las redes rozan sus límites o donde las renovables presentan una variabilidad elevada.
Un reactor bajo tierra podría actuar como fuente continua sin ocupar grandes superficies ni llenar el paisaje de torres de refrigeración visibles a kilómetros. También entrarían en juego instalaciones industriales remotas, minas o infraestructuras militares que buscan operar sin depender de la red pública.
En teoría, varios módulos podrían funcionar agrupados en un clúster. De forma parecida a cómo se despliegan plataformas en un yacimiento, varios pozos en una misma zona podrían aportar electricidad, con infraestructura de superficie centralizada y compartida.
Términos, riesgos y perspectivas: lo que hay detrás de la propuesta de Deep Fission
Para entender el proyecto es inevitable toparse con cierta jerga técnica. La criticidad describe el punto en el que una reacción en cadena se sostiene por sí sola: cada fisión provoca, de media, exactamente otra. Solo a partir de ahí el reactor entrega energía de manera estable. La refrigeración pasiva se refiere a sistemas que operan sin componentes activos como bombas o válvulas, basándose sobre todo en leyes físicas como la convección y la gravedad.
El planteamiento geológico recuerda en parte a la lógica de un almacén profundo: estratos estables durante largos periodos aíslan sustancias sensibles o peligrosas. Pero hay una diferencia relevante: mientras un almacén se diseña únicamente para aislar, un reactor subterráneo tiene que ser simultáneamente seguro y técnicamente accesible. Los circuitos de refrigeración, la instrumentación y la evacuación de la electricidad siguen necesitando conexiones hacia la superficie.
También merece atención el vínculo con la industria del petróleo y el gas. Empresas con experiencia en perforación podrían, en el futuro, no solo explotar hidrocarburos, sino instalar centrales nucleares descentralizadas. Una industria que durante años se vio como antagonista de la política climática podría convertirse en impulsora de una base de generación baja en CO₂, con todas las tensiones políticas que implica un cambio de papel así.
Que el reactor de Kansas acabe suministrando megavatios de forma silenciosa y fiable o termine como un experimento demasiado ambicioso se dirimirá en los próximos años, dentro del propio pozo. En cualquier caso, la mezcla de geología profunda, tecnología petrolera y minienergía nuclear ya está elevando la temperatura del debate sobre las futuras fuentes de energía.
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