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¿Mejor montar en bici en ayunas o después de desayunar? Un experto desmonta mitos.

Hombre con ropa de ciclismo desayunando cereales con fruta junto a su bicicleta en una cocina.

Quien sale por la mañana a hacer una ruta en bici casi siempre se topa con la misma duda: ¿desayunar antes o calzarse, subirse a la bicicleta y empezar a rodar? Un especialista en ciencias del deporte aclara por qué no hay una respuesta única, cómo influyen la intensidad y la duración del recorrido y de qué manera una buena preparación puede separar una salida placentera de una pelea agotadora.

Qué sucede de verdad en el cuerpo cuando haces ciclismo

El ciclismo se considera un deporte de resistencia. La mayor parte del tiempo el organismo trabaja en condiciones aeróbicas, es decir, utilizando oxígeno. Para producir energía recurre sobre todo a dos combustibles: carbohidratos y grasas.

  • A ritmos suaves, el cuerpo tira en mayor medida de las reservas de grasa.
  • A medida que sube la intensidad, aumenta la dependencia de los carbohidratos.
  • Esos carbohidratos están almacenados principalmente como glucógeno en los músculos y en el hígado.

Cuando el glucógeno se agota, el rendimiento cae en picado. Mucha gente conoce ese momento como la “pájara”: aparece debilidad repentina, piernas temblorosas y problemas para concentrarse. Para evitarlo hay que planificar la energía que entra al cuerpo, y esa planificación empieza incluso antes de poner un pie en el pedal.

"Que la ruta vaya fina o se convierta en un suplicio suele decidirse en la mesa del desayuno… y en la botella del portabidón."

Desayuno antes de una ruta en bici: cuándo es imprescindible comer

Si vas a rodar durante bastante tiempo o pretendes apretar, la recomendación es clara: compensa desayunar antes. En cuanto la salida supera aproximadamente los 60 a 90 minutos, o si está previsto un ritmo ambicioso, el cuerpo necesita una base energética fiable.

Lo más recomendable es tomar algo ligero unos 60 a 90 minutos antes de arrancar. Así el estómago puede digerir con margen y la glucosa en sangre se estabiliza antes de empezar.

Ideas de desayuno adecuadas antes de una salida en bicicleta

  • Copos de avena con yogur y fruta
  • Pan integral con miel o crema de frutos secos
  • Un plátano con yogur natural

Estas combinaciones aportan carbohidratos de disponibilidad rápida y algo de proteína. La proteína ayuda a que el azúcar en sangre no se dispare y después se desplome.

Conviene evitar comidas muy grasas y pesadas, como bacon, grandes cantidades de queso o cruasanes con mucha mantequilla: permanecen más tiempo en el estómago y, con el esfuerzo, pueden provocar náuseas, ardor o el típico pinchazo en el costado.

Cuándo puede tener sentido salir en bici en ayunas

Subirse a la bici sin desayunar también puede encajar, siempre que se cumplan ciertas condiciones. El experto considera que las salidas en ayunas tienen sentido sobre todo cuando la carga es corta y cómoda.

  • Duración: alrededor de 30 a 45 minutos
  • Intensidad: claramente por debajo del umbral del propio ritmo de competición
  • Objetivo: entrenamiento de base, activar el metabolismo, despejar la cabeza

En ese rango el cuerpo utiliza con más facilidad la grasa como fuente de energía. Muchas personas lo asocian a una mayor “quema de grasa” y a la pérdida de peso, pero eso solo funciona si la intensidad y el tiempo se mantienen dentro de esos límites.

En cuanto el ritmo se acelera o la ruta se alarga, crece de forma clara el riesgo de mareos, problemas circulatorios y bajada de rendimiento. Y si además ya se llegó con poca energía desde el día anterior (por ejemplo, por haber cenado poco), es más fácil caer en un bajón.

"El entrenamiento en ayunas puede ser una pieza inteligente, pero solo si es corto, suave y en personas sin limitaciones de salud."

Un caso extremo: 260 kilómetros en un solo día

Lo decisiva que puede ser la preparación (y la estrategia de energía) se aprecia en el relato de un científico del deporte que recorre de forma habitual unos 10.000 kilómetros al año. Para una ruta solidaria desde Berlín hasta el Brocken, en el Harz -unos 260 kilómetros- planificó con detalle cada fase.

Datos clave de aquella jornada:

  • Distancia: alrededor de 260 km
  • Tiempo en marcha: 9 horas y 13 minutos
  • Velocidad media: casi 28 km/h
  • Gasto energético: aproximadamente 6.578 kilocalorías
  • Pérdida de líquido por sudor: algo más de 6,2 litros

Estas cifras muestran hasta qué punto la resistencia exige al organismo. Sin una pauta clara de comida y bebida, sería difícil sostener un ritmo así durante tantas horas.

Qué comió antes y durante la “maratón” hasta el Brocken

Antes de salir eligió un desayuno pensado para rendir:

  • Copos de avena con plátano y miel
  • Yogur natural
  • Café y unos 500 mililitros de agua

Ya sobre la bici, fue aportando energía cada 30 a 40 minutos aproximadamente:

  • Plátanos
  • Barritas pequeñas de muesli
  • De vez en cuando, un trozo de pan
  • Bebidas con electrolitos

Las bebidas con electrolitos no solo reponen agua: también devuelven minerales como sodio, potasio, magnesio y cloruro. Especialmente con calor, esto ayuda a prevenir calambres y la caída de rendimiento asociada a la deshidratación.

"Quien quiere aguantar muchas horas alimenta los músculos como si fueran un motor de larga distancia: de forma regular, planificada y sin pausas largas."

El factor mental en rutas largas: la cabeza también pedalea

Tras varias horas sobre la bici no protestan únicamente las piernas o la espalda: la mente también se desgasta. Cansancio, tramos monótonos, dolor de cuello… todo eso erosiona la motivación. Ahí entra la fortaleza mental.

No significa ignorar sin más las señales del cuerpo. Se trata, más bien, de valorar el esfuerzo con realismo, colocar descansos con sentido y volver a enfocar la atención en el siguiente tramo, en vez de obsesionarse con toda la distancia que falta.

  • Dividir la ruta en objetivos pequeños, por ejemplo hasta el siguiente pueblo o hasta la próxima botella.
  • Mantener una respiración tranquila y constante.
  • Recordar entrenamientos que salieron bien para reforzar la confianza en el propio cuerpo.

Llegar con los depósitos llenos también ayuda psicológicamente: cuando notas que el cuerpo “va estable”, suele aumentar automáticamente la seguridad para lo que queda.

Regla sencilla para ciclistas recreativos

Para quien pedalea los fines de semana o después del trabajo, de la ciencia del deporte se desprenden tres pautas prácticas:

Duración / intensidad Recomendación antes de salir Avituallamiento durante la ruta
Hasta 45 minutos, ritmo suave No es obligatorio comer antes si la cena fue consistente Normalmente no hace falta; con agua basta
45 a 90 minutos, moderado Comida ligera 60–90 minutos antes Algo de agua; con calor puede ser útil una pequeña cantidad de carbohidratos
Más de 90 minutos o muy deportivo Desayuno planificado con carbohidratos y algo de proteína Aporte de energía cada 30–40 minutos, además de electrolitos

Estrategias actuales: ¿cuántos carbohidratos por hora?

Durante mucho tiempo se aconsejó tomar, en esfuerzos intensos de resistencia, alrededor de 30 a 60 gramos de carbohidratos por hora. Las evidencias más recientes indican que los deportistas entrenados pueden asimilar bastante más si la combinación de azúcares es la adecuada.

Hoy, en esfuerzos duros y de varias horas, se consideran realistas ingestas de aproximadamente 80 a 120 gramos de carbohidratos por hora. Esto es posible gracias a mezclar azúcares distintos -por ejemplo, glucosa y fructosa- que se absorben en el intestino mediante vías de transporte diferentes.

  • La glucosa depende de un transportador que llega relativamente rápido a su límite.
  • La fructosa emplea una segunda ruta de transporte que aporta capacidad extra.
  • Al combinarlas, sube el total que el cuerpo puede procesar.

Aunque suene técnico, en la práctica tiene una implicación clara: si quieres usar esas cantidades en competición, conviene probarlas antes entrenando. El aparato digestivo puede adaptarse a más carbohidratos igual que un músculo; sin adaptación, es habitual sufrir dolor abdominal, gases o náuseas.

Ciclismo, salud y algunos conceptos clave

Ir en bicicleta se considera una actividad de bajo impacto articular, refuerza el corazón y el sistema vascular y activa el metabolismo. Pedalear con regularidad reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejora la sensibilidad a la insulina y ayuda a bajar el estrés.

En el mundo del entrenamiento aparece a menudo el término “resistencia de base”. Se refiere a la capacidad de sostener un esfuerzo prolongado a intensidad baja o media. Justo ahí se sitúan muchas rutas típicas de tarde o de fin de semana: un punto ideal para mejorar, poco a poco pero de manera sólida, el metabolismo de las grasas, el corazón y los pulmones.

Para quienes empiezan, hay una comprobación sencilla: si mientras pedaleas puedes hablar en frases completas sin problema, lo normal es que estés en intensidad de base. Si solo salen palabras sueltas, ya vas claramente por encima y conviene organizar mejor la ingesta de energía.

Ejemplos prácticos para el día a día y el ocio

Si por la mañana vas con el tiempo justo, pequeños gestos pueden marcar diferencias. Para una vuelta de 60 minutos, un plátano y un yogur pequeño suelen bastar para “asentar” al cuerpo. En rutas más largas ayuda tener un esquema claro: desayuno en casa, barritas o pan en el maillot y bidones con minerales.

También importa cómo encaja la bici con otras actividades. Quien se desplaza al trabajo pedaleando entrena casi sin darse cuenta, pero al final de un día largo el cuerpo puede estar ya cargado. En ese caso, un snack antes de la vuelta -por ejemplo un plátano o un bocadillo pequeño de pan integral- puede evitar que el regreso se convierta en una tortura.

Si el objetivo es perder peso, no conviene hacer todas las sesiones en ayunas; es más efectivo mirar el conjunto semanal: salidas moderadas y constantes, alimentación equilibrada y suficiente descanso. Se pueden incluir algunas salidas en ayunas, pero sin obligación y, mejor, cuando ya exista una base mínima de forma física.

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