La rabia en un atasco, el miedo a lo que viene, la envidia al mirar Instagram, la culpa después de una discusión: forman parte del día a día. Aun así, ni en el colegio, ni en la universidad, ni en el trabajo solemos aprender a ordenar ese desorden interior. Una forma distinta de entender las emociones propone que no hace falta luchar contra ellas: se pueden interpretar y dirigir, casi como si fueran un idioma que nunca nos enseñaron de manera sistemática.
Por qué hoy las emociones aprietan más que nunca
Las apps de noticias lanzan alertas de crisis cada pocos minutos; las redes sociales repiten sin parar los logros ajenos; a eso se suman la presión laboral y las preocupaciones personales. El sistema nervioso permanece en “modo alto rendimiento” casi todo el tiempo. No extraña que mucha gente diga que se siente “arrollada” por lo que siente.
- Rabia ante injusticias en el trabajo o en el tráfico
- Miedo a un despido, a una enfermedad o a que suban los costes
- Vergüenza y culpa tras supuestos errores
- Celos en la pareja o frente a compañeras y compañeros
- Estrés crónico por la disponibilidad constante y la exigencia de rendir
Estas emociones no son raras: lo que se ha disparado es su intensidad por el entorno actual. Y cuando nadie aprende a regularse por dentro, es fácil vivirlas como una amenaza, en vez de como información útil.
"Las emociones no son enemigas a las que debamos vencer, sino señales que podemos aprender a leer."
La habilidad olvidada: sentir bien en lugar de limitarse a funcionar
Leer, escribir y hacer cuentas se practican desde pequeños. ¿Aprender a sentir? Mucho menos. Muchas personas crecen oyendo mensajes como: "Contrólate", "No exageres" o "Llorar no sirve de nada". El resultado suele ser una adultez que cumple y rinde, pero con una desconexión interna.
En ese punto encaja el enfoque del experto en hipnosis Kevin Finel. Para él, las emociones no son un estorbo, sino un sistema de señales que se desajusta. Cuando se pierde el acceso a lo que se siente, la reacción llega tarde y a menudo en dos direcciones: explosión hacia dentro (autorreproches, rumiación) o hacia fuera (estallidos, reproches).
De reprimir a percibir
El primer movimiento es dejar de apartar lo que se siente de forma automática. Sobre el papel parece fácil; en la práctica, a muchos les resulta extraño: antes de “entender” la emoción, el cuerpo ya avisa de que algo va mal-tensión, nudo en la garganta, opresión en el pecho, retortijones.
Un posible punto de partida:
- Parar la situación un instante (dejar el móvil, mirar por la ventana, respirar hondo una vez).
- Explorar el cuerpo: ¿dónde lo noto exactamente ahora?
- Ponerle nombre a la sensación: ¿más bien presión, calor, frío, nudo, estrechez?
- Decirle por dentro a la emoción: "Vale, te estoy notando."
Puede sonar casi trivial, pero en el día a día funciona como un pequeño cambio de rumbo: en vez de pelearse con la emoción, aparece un momento de contacto.
Autohipnosis de Kevin Finel: hablar con el subconsciente
Finel utiliza la autohipnosis como herramienta para profundizar ese contacto. No se trata de hipnosis-espectáculo, donde supuestamente alguien pierde la voluntad, sino de un estado de relajación focalizada provocado de forma intencional. Muchas personas lo comparan con el instante justo antes de dormirse o con quedar absorbidas por un libro que engancha.
"Autohipnosis significa: aprendo a dirigir mi enfoque interno, en lugar de dejar que cada emoción me zarandee."
Ejemplo de una práctica sencilla
Una técnica básica habitual podría plantearse así:
- Buscar un lugar tranquilo; para empezar bastan dos o tres minutos.
- Fijar la vista en un punto o cerrar los ojos.
- Hacer tres respiraciones profundas y, al exhalar, soltar de forma consciente.
- Recorrer la atención por el cuerpo paso a paso: frente, mandíbula, hombros, pecho, abdomen, piernas.
- En cada zona, preguntarse por dentro: "¿Cómo se siente esto ahora?"-sin juzgar.
En esencia, con esto el cerebro entrena dos capacidades: concentrarse en lo interno y tomar distancia de pensamientos y saturación de estímulos. Las emociones aparecen, pero no tienen por qué convertirse de inmediato en actos.
Convertir las emociones “negativas” en aliados internos
Un punto clave de este enfoque es que las emociones no se clasifican como “buenas” o “malas”, sino como mensajes. Si se descifran, pueden traducirse en acciones concretas.
| Emoción | Posible mensaje | Posible respuesta |
|---|---|---|
| Rabia | Se ha traspasado un límite. | Comunicar el límite con claridad, en vez de estallar o callarse. |
| Tristeza | Asoma una pérdida o una necesidad no cubierta. | Despedirse de forma consciente, buscar apoyo, permitirse consuelo. |
| Miedo | Se anticipa un posible daño. | Revisar el riesgo, preparar un plan B, concretar pasos de seguridad. |
| Vergüenza | Sensación de no cumplir estándares propios o ajenos. | Revisar si la vara de medir es realista y abrir una conversación. |
Al leer las emociones así, no hace falta “eliminarlas”. La rabia puede convertirse en combustible para cambiar algo. La tristeza señala límites de carga. El miedo advierte contra la imprudencia-y deja de bloquearlo todo.
Estrategias prácticas del día a día para regular mejor las emociones
La teoría rara vez basta por sí sola. Lo difícil es introducir estrategias nuevas en escenas cotidianas. Tres ejemplos en los que este enfoque puede marcar diferencia:
1. El estallido breve en la vida familiar
Un niño se entretiene, la pareja se olvida de algo… y de repente suena un portazo. Si se detecta la rabia antes, se puede activar un “stop” interno:
- guardar silencio tres segundos antes de hablar
- salir un paso de la escena (al baño, a la ventana)
- notar el cuerpo: ¿dónde está la rabia?, ¿qué forma tiene?
- y solo entonces hablar, con una voz clara pero tranquila
Así la emoción no se traga, pero tampoco decide por sí sola la conducta.
2. Ataques de rumiación por la noche en la cama
Los pensamientos se aceleran, sube el pulso y dormir parece imposible. Aquí ayuda cambiar el objetivo: no se trata de calmarse al instante, sino de llevar al cuerpo a otro modo. La autohipnosis puede funcionar como ritual para conciliar el sueño, por ejemplo mediante ritmos de respiración y recorridos corporales. Los temas no desaparecen de golpe, pero pierden intensidad.
3. La espiral de comparación en redes sociales
Al hacer scroll aparecen cuerpos, casas y carreras “perfectas”. Crece la insatisfacción. En lugar de cerrar el perfil por impulso o deslizar aún más rápido, compensa un diálogo interno breve: ¿qué despierta exactamente esa imagen-envidia, tristeza, presión? De ahí puede salir una decisión concreta, por ejemplo: "En este ámbito me marco metas realistas" o "Silencio este canal durante una temporada".
Qué significan realmente la autohipnosis y la competencia emocional
La autohipnosis no describe un estado mágico: es autopercepción entrenada combinada con relajación. Al practicarla con regularidad, se refuerzan redes neuronales relacionadas con la autorregulación. Muchas personas cuentan que, tras algunas semanas, duermen mejor, se sienten más serenas y conectan con más claridad con sus necesidades.
Ser competente emocionalmente, en este sentido, implica:
- detectar a tiempo lo que uno siente
- ponerle un nombre, en vez de quedarse en “estoy de mal humor”
- comprender el mensaje que trae
- escoger una acción adecuada, en lugar de reaccionar de forma impulsiva
Este proceso requiere tiempo y también tropiezos. Nadie se mantiene tranquilo siempre, y ninguna herramienta evita todas las crisis. Pero la experiencia en coaching y terapia apunta a lo mismo: ejercicios pequeños, repetidos con constancia, cambian de forma perceptible la manera de atravesar las tormentas internas.
Quien se compromete con este camino gana no solo más calma, sino también más claridad: ¿qué relación me hace bien y cuál no?, ¿qué trabajo encaja con mis valores?, ¿en qué llevo años saltándome mis propios límites? Cuando las emociones se aclaran, suelen dar respuestas sorprendentemente concretas-siempre que uno se conceda el tiempo de escuchar de verdad.
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