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Freelander regresa gracias al impulso chino a Land Rover.

SUV blanco Freelander estacionado en un espacio interior con neumáticos todoterreno negros.

La década de los 90 fue especialmente productiva para Land Rover, y conviene repasarla ahora que han pasado más de 30 años. Mientras la firma británica afianzaba el éxito del Discovery y actualizaba el Range Rover, en un escalón inferior empezó a probar una vía distinta: un SUV más compacto, pensado para el uso diario y con una capacidad fuera del asfalto que superaba con creces los límites de la ciudad.

Aquel nombre fue Freelander: una especie de «baby Land Rover» con modales refinados. Todo era nuevo, desde los motores hasta la plataforma. En su desarrollo hubo aportaciones relevantes de Honda y, ya a comienzos de los años 2000, la llegada de BMW añadió nuevas mecánicas y una mayor madurez técnica al proyecto.

Ahora el nombre Freelander va a regresar. Eso sí, dejará de ser un modelo para convertirse en una marca independiente, fruto de una joint-venture entre JLR y la china Chery. Un impulso que será sobre todo tecnológico, como se verá a continuación.

La hoja de ruta será agresiva: la nueva marca prevé presentar un modelo cada seis meses, hasta completar seis vehículos a lo largo de los próximos cinco años.

Freelander: tecnología china y herencia europea

El Concept97 adelanta una arquitectura preparada para distintas fórmulas de electrificación. La base técnica contempla variantes 100% eléctricas, híbridas plug-in y opciones con extensor de autonomía, siguiendo un planteamiento cada vez más habitual entre los fabricantes chinos.

Está confirmada una plataforma de 800 V, con capacidad para admitir potencias de carga de hasta 360 kW. La batería, desarrollada junto a CATL, emplea tecnología CTP (cell-to-pack) de tercera generación y se ha concebido para uso fuera de carretera, con refuerzos estructurales y protección inferior.

Por el momento no existen cifras oficiales de potencia ni de autonomía en ciclo WLTP. Aun así, la presencia de soluciones con extensor de autonomía apunta a una apuesta clara por mercados donde la infraestructura de recarga sigue siendo un obstáculo.

Con más de cinco metros de longitud y tres filas de asientos, deja de encajar en la categoría de SUV compacto. Pasa a situarse en un segmento superior, con aspiraciones globales y un enfoque más cercano al de los grandes SUV familiares.

Tecnología y ambición fuera de carretera

Pese a partir de una base electrificada, el Freelander no renuncia a sus aptitudes off-road. El nuevo sistema de tracción total, denominado i-ATS, combina tres bloqueos de diferencial con amortiguadores predictivos capaces de anticiparse al terreno.

En carretera, la alianza con Huawei incorpora un LiDAR de alta resolución y hardware listo para sistemas avanzados de asistencia a la conducción. El procesamiento corre a cargo del chip Qualcomm Snapdragon 8397, reforzando el posicionamiento tecnológico del proyecto.

¿Cuándo llega?

El primer modelo de Freelander tiene previsto iniciar su producción en la fábrica de Changshu antes de que termine este año. Tras su lanzamiento en China, se contempla una expansión global, aunque todavía no hay fechas concretas para Europa.

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