Quien piensa que, llegada cierta edad, la tecnología deja de ser terreno propio no conoce a Dean Simes. Este australiano tiene 102 años y enseña a otras personas a utilizar con seguridad y confianza su PC, su smartphone y los servicios online actuales. En sus clases, lo único que suele ser más joven que muchos alumnos es el móvil… y a nadie le importa.
El que probablemente sea el “geek” más veterano del mundo
Dean Simes vive en el área metropolitana de Sídney y, en su país, se ha convertido en una pequeña celebridad. No por correr más rápido que nadie ni por cantar de forma espectacular, sino por haber empezado de cero -otra vez- a una edad en la que muchos ya se dan por vencidos: con los ordenadores. Varios medios australianos lo describen como el fan de la tecnología más mayor del planeta, y ya ha sido reconocido por su contribución a la educación digital.
Mientras muchos millennials explican a sus padres lo básico del smartphone, Simes va un paso más allá y le da la vuelta a la escena: con 102 años ayuda a personas que, con frecuencia, son bastante más jóvenes que él a entender su portátil, Windows o su Android. Preguntas como “¿Me puedes instalar esta app?” o “¿Por qué mi móvil va tan lento?” forman parte de su día a día.
"Quien afirma que la tecnología es solo cosa de jóvenes es que nunca ha estado en un curso de Dean Simes."
Computer Pals: cuando mayores enseñan tecnología a otros mayores
Para dar forma a su idea, Simes fundó hace años su propia iniciativa: Computer Pals. Se trata de una entidad sin ánimo de lucro en la que personas mayores enseñan competencias digitales a otras personas mayores. La base es clara: aquí nadie se ríe de nadie, todas las preguntas valen, y se avanza paso a paso.
Las sesiones suelen organizarse en grupos pequeños. Cada participante lleva su propio dispositivo: a veces un veterano portátil con Windows, a veces un Android económico, y en ocasiones un PC moderno con Windows 11. Simes y el resto de voluntarios les muestran cómo sacarle partido a esos equipos para algo más que abrir el correo electrónico.
Qué se aprende de verdad en las clases de Dean Simes
Los contenidos de los encuentros de Computer Pals son sorprendentemente amplios y, sobre todo, muy pegados a la vida cotidiana de los mayores. Entre los temas más habituales están:
- Manejar Windows 11: menú de inicio, ajustes y cómo encontrar archivos
- Identificar enlaces seguros y evitar trampas de phishing
- Protegerse de malware y de descargas sospechosas
- Enviar mensajes y fotos por WhatsApp
- Crear tablas y listas sencillas en Excel
Últimamente se han sumado asuntos nuevos. Dean Simes, por ejemplo, explica cómo funcionan los buscadores con IA y qué conviene revisar en los resultados. Así, sus alumnos no solo se mantienen “conectados”, sino también mentalmente activos.
"El mundo digital cambia todo el tiempo, y Simes se niega de forma rotunda a quedarse mentalmente quieto."
Un tardío en la informática que ya no quiso parar
Precisamente por eso, su trayectoria llama tanto la atención: Simes se adentró muy tarde en el mundo de los ordenadores. Hacia el año 2000, cuando Windows XP acababa de salir, decidió profundizar en los PC. Por entonces ya tenía más de 75 años. Y su primer ordenador propio, de hecho, no lo compró hasta después de cumplir los 80.
En lugar de intimidarse con menús, controladores y mensajes de error, se apuntó a una formación de varios años. Durante tres años estudió fundamentos de informática, hardware, sistemas operativos y interfaces de usuario. Para alguien de su edad no era un reto menor, pero perseveró -según cuenta- por pura curiosidad.
Un compañero del grupo, el tesorero Bill Soper, habla de una competencia técnica casi legendaria. Dentro de Computer Pals, la valoración de Dean funciona como vara de medir: si él considera que un método se entiende bien, entonces sirve incluso para quienes empiezan desde cero.
Cómo aprovechan sus alumnos las clases y quién suele acudir
Una escena típica de sus cursos es fácil de imaginar: un grupo de cinco a ocho personas, todas ya jubiladas; algunas con bastón, otras con audífono. Encima de la mesa aparecen smartphones, portátiles y hojas con contraseñas todavía apuntadas a mano en papel. A veces acompaña un nieto a su abuela, aunque lo más habitual es que los participantes vayan por su cuenta.
Entre quienes acuden con regularidad están Vera y Michael Last. Los dos tienen 94 años y se sientan a menudo con Dean para practicar cómo instalar y desinstalar apps en su móvil Android. Quieren recibir fotos de sus bisnietos, escribir a amigos y gestionar la banca online sin vivir con el miedo constante a equivocarse.
"Para Dean Simes hay un principio que repite una y otra vez: practicar, practicar, practicar."
Con personas mayores, ese enfoque exige mucha paciencia. Términos como “nube”, “actualización” o “autenticación de dos factores” no se entienden por sí solos. Simes lo descompone todo en acciones pequeñas, anota los pasos y los repite tantas veces como haga falta hasta que se fijan. Las reacciones van desde el recelo prudente hasta el orgullo auténtico cuando, al final, sale adelante una transferencia por banca online o el primer grupo de fotos llega a un WhatsApp familiar.
Por qué la competencia digital en la vejez es tan valiosa
La propuesta de Dean Simes toca un punto sensible que muchos jóvenes tienden a infravalorar. Quien no creció con internet a menudo vive la digitalización como una pérdida de control: de repente, los avisos del banco pasan a ser digitales, las citas médicas se piden con formularios online y las administraciones esperan que descargues y subas documentos. Si no logras seguir el ritmo, es fácil sentirse fuera de juego.
Por eso, la educación digital en edades avanzadas aporta varias ventajas:
- Más autonomía: los mayores pueden gestionar por sí mismos su banca, entradas o citas médicas.
- Menos aislamiento: el contacto con familia y amistades se mantiene con videollamadas y apps de mensajería.
- Más seguridad: quien reconoce señales de estafa cae menos en llamadas falsas o en phishing.
- Más agilidad mental: aprender cosas nuevas ejercita el cerebro como si fuera un músculo.
En clase, el asunto de las estafas pesa especialmente. Simes muestra trampas típicas, explica supuestas “llamadas de soporte” fraudulentas o mensajes que se hacen pasar por avisos de paquetería. Los asistentes aprenden a verificar remitentes en pocos clics, interpretar correctamente avisos y, ante la duda, preguntar antes de actuar por impulso.
Reconocido como “Ciudadano del Año” y una rutina muy disciplinada
Por su dedicación, el ayuntamiento de Ku-ring-gai -un distrito administrativo de Sídney- le concedió a Dean Simes el título de “Ciudadano del Año”. Ese reconocimiento refleja hasta qué punto su labor ha cambiado la vida de muchas personas mayores de la zona.
Pese a sus 102 años, Simes mantiene un día a día metódico. Hace ejercicio, ve con frecuencia a sus seis hijos, juega al bridge y todavía conduce trayectos cortos por Sídney. Entre medias, encaja la planificación de los cursos de Computer Pals. Pasarse horas en el sofá no entra en sus planes: dice sin rodeos que este trabajo le evita convertirse en una “larva de sofá”.
Lo que los más jóvenes pueden aprender de Dean Simes
Esta historia no interpela solo a los mayores. Quien tiene hijos o nietos conoce bien las preguntas interminables sobre apps y programas, solo que normalmente en sentido contrario. Simes demuestra que el enfoque puede ser muy distinto: hay personas muy mayores dispuestas a probar cosas nuevas si alguien les quita el miedo.
Si en tu familia hay mayores, sus métodos pueden servir como guía:
- Tratar un único tema por “sesión”, sin explicarlo todo de golpe.
- Anotar los pasos de forma ordenada, idealmente con números y palabras sencillas.
- Contar con la repetición, en lugar de exigir perfección a la primera.
- Mantener la calma si se confunden términos: también les pasa a los jóvenes.
- Marcar objetivos concretos, por ejemplo: “Hoy aprendemos a enviar fotos.”
Aplicando estas ideas, baja mucho la barrera de entrada. A muchos mayores no les interesa “saberlo todo”, sino dominar lo que de verdad les hace falta: escribir a la familia, consultar informes médicos, comprar billetes de tren o leer las noticias.
Cuando la curiosidad envejece más despacio que la persona
La historia de Dean Simes encaja en un momento en el que cada poco aparecen nuevos dispositivos, sistemas operativos y servicios. Año tras año llegan versiones nuevas de Windows, Android y programas de Office, y las funciones con IA se abren paso por todas partes. A mucha gente eso la abruma; un hombre de 102 años, en cambio, decide seguir el ritmo.
El mensaje es nítido: la tecnología depende menos del año de nacimiento que de la actitud. El propio Simes sabe que, algún día, tendrá que pasar el relevo a personas más jóvenes. Pero, de momento, sigue viendo dudas por resolver, miradas inseguras en el aula y gente que, por primera vez, se atreve a pulsar “Confirmar”. Mientras eso ocurra, quiere continuar, demostrando -de forma intergeneracional- que aprender no tiene fecha de caducidad.
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