Durante décadas, se interpretó que unos pequeños surcos en dientes humanos antiguos eran una prueba de uso intencional de herramientas: personas que se limpiaban los dientes con palitos o fibras, o que aliviaban el dolor de encías con improvisados «palillos». Hubo quien llegó a presentarlo como el hábito humano más antiguo.
Sin embargo, nuestros nuevos resultados, publicados en la Revista Estadounidense de Antropología Biológica, ponen en cuestión esa idea tan asentada sobre la evolución humana. Observamos que estos surcos también pueden aparecer de manera natural en primates salvajes, y encontramos poco respaldo para atribuirlos al «uso de palillos» como explicación principal.
Aún más llamativo: al examinar más de 500 primates salvajes, de 27 especies -tanto actuales como fósiles-, no hallamos ni un solo caso de una enfermedad dental hoy muy habitual: muescas profundas en forma de V en la línea de la encía, conocidas como lesiones de abfracción.
En conjunto, estos hallazgos ayudan a replantear cómo leemos el registro fósil y abren preguntas nuevas sobre las formas, específicamente humanas, en las que nuestros dientes se ven afectados en la actualidad.
Por qué los dientes importan en la evolución humana
Los dientes son la parte más resistente del esqueleto y, con frecuencia, perduran mucho después de que el resto del cuerpo se haya descompuesto. Por eso, la antropología se apoya en ellos para reconstruir dietas antiguas, modos de vida y estados de salud.
Incluso marcas diminutas pueden ser muy informativas. Un rasgo que aparece una y otra vez es un surco fino que cruza raíces dentales expuestas, especialmente en los espacios entre dientes. Desde comienzos del siglo XX, se les ha puesto la etiqueta de «surcos de palillo» y se han entendido como señales de uso de herramientas o de higiene bucal.
Se han descrito en múltiples momentos de nuestra evolución reciente, desde fósiles de hace 2 millones de años hasta neandertales. Pero, hasta ahora, casi nadie había verificado si otros primates también los presentan.
En cambio, otra alteración, la abfracción, tiene un aspecto muy distinto: son muescas profundas, con forma de cuña, cerca del margen de la encía. En la odontología moderna son muy frecuentes y suelen asociarse al rechinar de dientes, al cepillado enérgico o a bebidas ácidas. Su ausencia en el registro fósil ha desconcertado durante años: ¿de verdad otros primates no las padecen?
Qué hicimos
Para poner a prueba estas suposiciones, analizamos más de 500 dientes pertenecientes a 27 especies de primates, tanto extintas como vivas. La muestra incluía gorilas, orangutanes, macacos, monos colobos, simios fósiles y otros.
Lo clave es que todos los ejemplares procedían de poblaciones salvajes, de modo que el desgaste dental no podía estar condicionado por cepillos de dientes, refrescos o alimentos procesados.
Buscamos lesiones cervicales no cariosas, el término que describe pérdida de tejido en el cuello del diente que no se debe a caries. Con ayuda de microscopios, escaneos 3D y mediciones de pérdida de tejido, registramos incluso las lesiones más pequeñas.
Qué encontramos: surcos de palillo y ausencia total de abfracción en primates
Aproximadamente el 4% de los individuos presentaban lesiones. Algunas eran casi indistinguibles de los clásicos «surcos de palillo» descritos en humanos fósiles, con finas estrías paralelas y formas que se estrechan gradualmente.
Otras, especialmente en dientes anteriores, eran superficiales y lisas, algo compatible con el efecto de frutas ácidas que muchos primates consumen en grandes cantidades.
Pero lo que más destacó fue una ausencia muy clara: no detectamos ninguna lesión de abfracción. A pesar de estudiar especies con dietas extremadamente duras y fuerzas de masticación muy potentes, no apareció ni un solo defecto en forma de cuña como los que se ven tan a menudo en clínicas dentales actuales.
Qué significa todo esto
En primer lugar, los surcos que se parecen a marcas de «palillo» no demuestran, por sí solos, el uso de herramientas. La masticación natural, los alimentos abrasivos o incluso la arenilla ingerida pueden generar patrones parecidos. En algunos casos, también podrían influir conductas especializadas, como arrancar o pelar vegetación usando los dientes. Por eso, conviene ser prudentes antes de interpretar cada surco fósil como evidencia de un «palilleo» deliberado.
En segundo lugar, el hecho de no encontrar ninguna lesión de abfracción en primates apunta con fuerza a que se trata de un problema específicamente humano, ligado a hábitos modernos. Es mucho más probable que lo provoquen el cepillado agresivo, las bebidas ácidas y las dietas procesadas que las fuerzas naturales de la masticación.
Esto sitúa la abfracción junto a otros problemas dentales -como las muelas del juicio impactadas o el apiñamiento-, poco frecuentes en primates salvajes pero comunes hoy en humanos. En conjunto, estas ideas están impulsando un subcampo en expansión, la odontología evolutiva, que utiliza nuestro pasado evolutivo para comprender los problemas dentales del presente.
Por qué importa hoy
A primera vista, unos surcos en dientes fósiles pueden parecer un detalle menor. Sin embargo, tienen relevancia tanto para la antropología como para la odontología.
Para la ciencia evolutiva, son un recordatorio de que debemos contrastar primero con nuestros parientes más cercanos antes de atribuir una explicación cultural concreta o supuestamente única. Para la salud moderna, subrayan hasta qué punto dietas y estilos de vida transforman nuestros dientes de maneras que nos diferencian de otros primates.
Al comparar dientes humanos con los de otros primates, podemos separar lo que es universal (el desgaste inevitable de masticar) de lo que es específicamente humano: el resultado de dietas, conductas y cuidados dentales contemporáneos.
Qué viene después
Las próximas investigaciones ampliarán el tamaño de las muestras de primates, explorarán en libertad la relación entre dieta y desgaste, y aplicarán técnicas de imagen avanzadas para ver cómo se forman estas lesiones. El objetivo es afinar la interpretación del pasado y, al mismo tiempo, encontrar nuevas formas de prevenir la enfermedad dental hoy.
Un surco en un diente humano fósil que parezca producto de un «palillo» podría ser, con la misma facilidad, una consecuencia de la masticación cotidiana. Del mismo modo, también podría reflejar otros comportamientos culturales o dietéticos que dejan huellas similares.
Para distinguir entre estas posibilidades, hacen falta conjuntos comparativos mucho más amplios sobre lesiones en primates salvajes; solo entonces podremos identificar patrones más generales y afinar nuestras lecturas del registro fósil.
Mientras tanto, la inexistencia de lesiones de abfracción en primates sugiere que algunos de nuestros problemas dentales más habituales son exclusivamente humanos. Es un recordatorio de que, incluso en algo tan cotidiano como un dolor de muelas, nuestra historia evolutiva queda escrita en los dientes, pero está moldeada tanto por hábitos modernos como por biología antigua.
Ian Towle, investigador posdoctoral en Antropología Biológica, Universidad de Monash, y Luca Fiorenza, profesor titular de Ciencias Anatómicas, Universidad de Monash
Este artículo se republica de La Conversación bajo una licencia CC. Lea el artículo original.
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