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Mercedes-AMG GT XX logra 25 récords, pero el Mercedes-Benz 190 fue mejor en 1983

Mercedes-Benz 190E Legend plateado con llantas negras expuesto en un concesionario moderno.

Ante todo, hay que reconocer lo conseguido por el Mercedes-AMG GT XX. Ha pulverizado 25 récords, entre ellos el de mayor distancia recorrida por un eléctrico en 24 horas (5479 km) y también el de menor tiempo en una hipotética vuelta al mundo: 40 075 km (equivalentes a la circunferencia de la Tierra) completados en siete días, 13 horas, 24 minutos y siete segundos.

Puede que estas cifras suenen algo abstractas, pero hay una que impacta especialmente: el GT XX encadenó vuelta tras vuelta en el anillo de velocidad de Nardò (12,6 km) a 300 km/h. ¿Paradas? Únicamente para recargar, y además a lo grande: 850 kW de potencia de carga, muy por encima de lo que ofrece nuestra infraestructura.

Conviene aclarar que esos 300 km/h no eran el límite del coche. Según AMG, este modelo es capaz de superar los 360 km/h, gracias a la suma de 1000 kW (1360 cv) y a un Cx de solo 0,19, inferior al de un Tesla Model S Plaid o un Mercedes-Benz EQS.

Entonces, ¿por qué quedarse en 300 km/h? Tras simulaciones y cálculos, los ingenieros de AMG concluyeron que esa era la velocidad óptima para equilibrar ritmo en pista, consumo y paradas de recarga, buscando el menor tiempo total posible. El planteamiento funcionó: 25 récords cayeron. Pero…

Spoiler: el Mercedes-Benz 190 ya lo había hecho mejor en 1983

Aunque suene inverosímil, es cierto. El «baby-Benz» estuvo en Nardò hace 42 años en un ejercicio muy parecido. Recorrió una distancia mayor, 50 000 km, y de paso se llevó una buena colección de récords.

Y en las marcas que se pueden cotejar sin ambigüedad -25 000 km y 25 000 mi (millas)-, fue claramente más rápido que el AMG GT XX.

En el resto de distancias habría que extrapolar tiempos (con el riesgo de distorsionar el resultado), pero en esas dos comparaciones directas el veredicto es cristalino.

Lo sorprendente no es solo la diferencia de tiempos y de velocidad media, sino el abismo entre las specs de ambos. En un lado, una berlina relativamente modesta con motor de cuatro cilindros y 185 cv dejando en evidencia a un «monstruo» eléctrico con más de 1360 cv. El 190 E 2.3-16 declaraba de serie 230 km/h, mientras que el GT XX anuncia más de 360 km/h.

Aun así, contra los hechos hay poco que discutir: los registros son oficiales y están certificados. ¿Cómo encaja esto? Para empezar, quizá le haya chocado leer que el 190 E logró más de 247 km/h de media, cuando acabamos de decir que de serie se quedaba en 230 km/h.

La explicación es sencilla: los Mercedes-Benz 190 empleados en la prueba recibieron algunos ajustes. Entre ellos, la relación del diferencial y otros cambios con impacto aerodinámico -la potencia se mantuvo en 185 cv-, lo que elevó la velocidad punta desde 230 km/h hasta unos llamativos 265 km/h. Aquí tiene todo lo que debe saber sobre esta prueba de resistencia del 190:

La clave frente al Mercedes-AMG GT XX: el tiempo de recarga

Ahora sí, vamos al núcleo del asunto, y la razón de que el 190 se imponga al GT XX en este tipo de desafío es fácil de justificar: el tiempo perdido durante las recargas. Incluso con 850 kW, la superberlina eléctrica de AMG terminó dedicando una cantidad enorme de tiempo a llenar su batería de 114 kWh.

¿De cuánto estamos hablando? Car and Driver hizo números y el resultado es revelador. De las más de 182 horas necesarias para completar las 25 000 millas (40 233 km), la publicación estadounidense calcula que 48,6 horas se fueron en recargar -sí, más de dos días-. Dicho de otro modo: por cada hora al volante, hicieron falta aproximadamente 22 minutos detenidos enchufados.

No hace falta ser un genio para ver que el 190 E 2.3-16 podía repostar, cambiar neumáticos y relevar al piloto en bastante menos tiempo. Por mucho que el GT XX sea más rápido rodando en Nardò, cuando el parón por recarga es tan grande, basta con cubrir una distancia suficiente para que el 190 E 2.3-16 acabe por delante.

Sigue siendo una hazaña notable

Esta comparación poco habitual no le quita valor al logro del Mercedes-AMG GT XX. La realidad es la que es: recargar una batería lleva bastante más que llenar un depósito. La próxima vez, quién sabe, quizá se intente el mismo ejercicio, pero sustituyendo baterías en lugar de recargarlas -«ahí queda la idea…»

El propósito de estos récords de distancia siempre ha sido demostrar la robustez de un modelo o de una tecnología, y estos dos Mercedes, pese a estar separados por más de 40 años, lo han probado de forma incuestionable.

En 1983, el «baby-Benz» completó 50 000 km para demostrar que era un Mercedes igual de «duro» que cualquier otro; y en 2025, AMG dio una «vuelta a la Tierra» para evidenciar que su tecnología eléctrica puede soportar abusos prolongados sin -literalmente- derretirse.


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