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¿Pedir rápidamente un té o un café en el avión?

Hombre usando lavabo dentro de un avión, con botella de agua y dispensador de jabón cerca.

Una investigación reciente sugiere que, precisamente, este hábito puede convertirse en una auténtica trampa de higiene.

Un amplio estudio realizado en Estados Unidos ha evaluado la calidad del agua potable en el avión en aerolíneas grandes y regionales. El resultado es bastante más preocupante de lo que muchos pasajeros frecuentes imaginarían. Incluso compañías muy conocidas se quedan en un aprobado raspado y varios operadores regionales entran claramente en la zona de riesgo, con gérmenes fecales detectables en el agua del grifo a bordo.

Agua potable en el avión: lo que revela el nuevo estudio sobre el agua a bordo

Entre 2022 y 2025, investigadores del Centro de Alimentación como Medicina y Longevidad analizaron la calidad del agua en aeronaves de 21 aerolíneas estadounidenses. En la muestra se incluyeron grandes marcas del sector, además de numerosas compañías regionales que operan rutas cortas para grandes grupos.

El equipo asignó una “Puntuación de seguridad del agua” (Water Safety Score) de 0,00 a 5,00. A partir de 3,5 puntos, el agua se consideró relativamente segura. Para elaborar la puntuación se tuvieron en cuenta, entre otros, los siguientes aspectos:

  • Hallazgos de microorganismos en el agua potable a bordo
  • Número y gravedad de infracciones de requisitos regulatorios
  • Cómo reaccionan las aerolíneas ante muestras positivas
  • Frecuencia con la que se desinfectan y se purgan (enjuagan) los depósitos

En total se revisaron 35.674 puntos de muestreo, tanto en las zonas de cocina de a bordo (galleys) como en lavabos y otros puntos de toma de agua dentro de la cabina.

"En el 2,66 por ciento de todas las muestras, los investigadores encontraron bacterias del grupo coliforme. En 32 casos apareció incluso E. coli, un indicio claro de contaminación fecal."

Que se detecten estos microorganismos no significa automáticamente que cada pasajero vaya a enfermar. Sin embargo, sí apunta a que el sistema de agua del grifo en el avión es bastante más vulnerable de lo que suele creerse. En determinadas aeronaves regionales, la proporción de muestras positivas fue especialmente elevada, lo que sugiere problemas estructurales en el servicio en tierra y en el mantenimiento.

Qué aerolíneas destacan para bien y para mal en el estudio

El informe cita nombres concretos. Entre las grandes aerolíneas de EE. UU., Delta Air Lines encabeza la lista con la nota máxima de 5,00. Frontier Airlines le sigue con 4,80 puntos. Alaska Airlines obtiene 3,85, lo que la mantiene dentro del rango considerado seguro.

La parte baja de la tabla es significativamente más inquietante. American Airlines se queda en 1,75 puntos y JetBlue en 1,80; ambas se clasifican así como “problemáticas”. Aún peor figura la regional Mesa Airlines, con 1,35 puntos. En el caso de CommuteAir, los investigadores señalan que un tercio de las muestras dio positivo en bacterias coliformes, una cifra muy alta.

Como pequeña nota positiva, dentro de las regionales solo GoJet es destacada favorablemente: allí, la gestión del agua a bordo parece funcionar mejor que en muchos competidores.

¿Qué significan estas puntuaciones para los pasajeros?

Las cifras no equivalen a un índice directo de probabilidad de enfermar, pero sí reflejan cuán consistente es una aerolínea al controlar y limpiar sus sistemas de agua. Las notas bajas suelen asociarse con:

  • Desinfecciones de depósitos irregulares o realizadas con retraso
  • Deficiencias en el mantenimiento de mangueras y conexiones en tierra
  • Controles internos débiles y cadenas de notificación poco eficaces
  • Más incumplimientos de las normas de las autoridades medioambientales

Quien vuela con frecuencia o tiene el sistema inmunitario sensible no debería pasar por alto estos datos.

Por qué es tan difícil mantener limpia el agua del grifo a bordo

En materia de agua, un avión comercial no funciona como una vivienda o una red urbana. No existe una conexión continua a un sistema central. En su lugar, en cada escala operativa (turnaround) el agua se bombea a los depósitos del avión mediante camiones cisterna.

El proceso habitual suele ser:

  • Captación de agua desde la infraestructura local del aeropuerto
  • Transporte en un camión cisterna hasta la aeronave
  • Llenado de los depósitos del avión mediante mangueras y válvulas
  • Distribución dentro del avión hacia cocinas de a bordo y aseos

En cualquiera de estas fases pueden entrar microorganismos en el circuito. Además, hay varios factores técnicos y organizativos que elevan el riesgo:

  • Estancamiento: si el avión permanece más tiempo en tierra, el agua de tuberías y depósitos puede “envejecer”.
  • Variaciones de temperatura: despegue, crucero y aterrizaje provocan cambios marcados de temperatura en conducciones, depósitos y galleys.
  • Cambios de presión: las fluctuaciones de presión estresan el sistema y facilitan la formación de biopelículas.
  • Tuberías complejas: codos, válvulas y tramos sin salida ofrecen refugio a las bacterias.

Si depósitos, mangueras o grifería no se limpian y desinfectan con rigor durante el servicio en tierra, los gérmenes pueden asentarse y generar biopelículas. Estas son difíciles de eliminar y liberan bacterias de forma recurrente al sistema en funcionamiento.

Qué normas rigen en Estados Unidos y dónde están las lagunas

En Estados Unidos está vigente desde 2011 la “Norma sobre agua potable en aeronaves” (Aircraft Drinking Water Rule). Obliga a las aerolíneas a realizar pruebas periódicas para detectar bacterias coliformes y E. coli. Asimismo, exige desinfectar y purgar los depósitos varias veces al año.

Resumen de requisitos:

  • Limpieza y purga de depósitos al menos cuatro veces al año, o una vez al año más pruebas mensuales
  • Si aparecen bacterias coliformes: nueva toma de muestras en 24 horas y desinfección o desconexión en 72 horas
  • Si aparece E. coli: cortar el suministro de agua en 24 horas y pasar a un abastecimiento alternativo

Los autores del estudio critican que estas exigencias quedan por detrás de los estándares del agua potable habitual “en tierra”. Además, apuntan a un problema de aplicación: la agencia ambiental EPA rara vez impone sanciones realmente disuasorias. Por ello, para algunas aerolíneas parece resultar rentable interpretar las normas con demasiada flexibilidad.

Recomendación tajante de los investigadores: evitar el agua del grifo a bordo

A partir de los resultados, los expertos extraen consejos muy directos para el día a día del pasajero. Aunque se dirigen a viajeros en EE. UU., el mensaje puede trasladarse por analogía a otros mercados, incluido Europa.

"El mensaje central: beba en el avión exclusivamente agua de botellas originalmente selladas; nunca del grifo."

Según el estudio, conviene evitar:

  • Café y té preparados con agua del grifo del avión
  • “Agua caliente” de la cocina de a bordo para sopas instantáneas o alimentación infantil
  • Agua del lavabo, ni siquiera para enjuagarse la boca

La razón es sencilla: el agua para bebidas calientes suele proceder igualmente de los depósitos del avión. Y la temperatura de calentamiento no siempre basta para eliminar todos los microorganismos con seguridad, sobre todo si los equipos no se desincrustan y limpian a fondo de manera regular.

Higiene de manos a bordo: qué hacer en su lugar

En cuanto a higiene de manos a bordo, los investigadores subrayan que un gel desinfectante con al menos 60 % de alcohol suele ser una alternativa más fiable que usar el lavabo del avión. Si uno se lava con agua potencialmente contaminada, en el peor de los casos lo único que hace es dispersar gérmenes.

Recomiendan combinar:

  • Un lavado breve con jabón si se utiliza el lavabo
  • Secado cuidadoso con papel
  • Aplicación final de gel desinfectante

Qué implica esto para pasajeros en Europa y en el ámbito hispanohablante

El estudio se centra en aerolíneas estadounidenses, por lo que las cifras no pueden trasladarse de forma directa. Los estándares de agua e higiene cambian de un país a otro, y muchas aerolíneas europeas suelen destacar que aplican procesos propios, en parte más estrictos.

Aun así, el problema técnico de base -depósitos en lugar de una conducción continua, almacenamiento intermedio en cisternas y un entramado de tuberías complejo en la cabina- es muy parecido en todo el mundo. En numerosos aeropuertos europeos, además, operan los mismos proveedores y empresas de servicio.

Quien quiera minimizar riesgos puede seguir unas reglas simples:

  • Comprar una botella grande de agua en la terminal después del control de seguridad.
  • O llevar una botella vacía y rellenarla en una fuente de agua potable.
  • A bordo, beber solo agua de botellas con precinto original.
  • Evitar bebidas calientes si se es muy sensible o se han tenido recientemente problemas gastrointestinales.

Hidratación en el avión: reducir el riesgo sin deshidratarse

El aire de la cabina es extremadamente seco. Tras vuelos largos, muchas personas notan dolor de cabeza o cansancio porque, simplemente, beben poco. La solución no es recortar líquidos, sino escoger mejor la fuente.

De forma orientativa, profesionales sanitarios recomiendan alrededor de medio litro de agua por cada dos horas de vuelo, según el peso y el estado de salud. Consumir mucho café, alcohol o bebidas muy azucaradas puede aumentar aún más la pérdida de líquidos. Mejor optar por:

  • Agua sin gas o con gas suave de botella
  • Refrescos de agua con un poco de zumo (tipo “schorle”) sin azúcar, con moderación
  • En vuelos de larga distancia, bebidas con electrolitos si se tiene tendencia a bajadas de tensión

Para quienes viajan con bebés o niños pequeños, conviene planificar la alimentación infantil y la leche en polvo de modo que se disponga de agua lo más segura posible, por ejemplo agua embotellada sin gas de origen conocido. También ayuda revisar antes las normas de la aerolínea sobre líquidos y comida infantil para evitar problemas en el control de seguridad.

Contexto: qué son las bacterias coliformes y la E. coli

Las bacterias coliformes son un grupo de microorganismos presentes tanto en el medio ambiente como en el intestino de humanos y animales. Se usan sobre todo como indicador de que el agua podría haber estado en contacto con materia fecal. No todas las especies causan enfermedad, pero su detección es una señal de alerta por posible contaminación.

La E. coli es una forma concreta dentro de ese grupo. Muchas cepas son inocuas y forman parte normal de la flora intestinal. Sin embargo, algunas variantes pueden provocar diarrea, cólicos abdominales o infecciones más graves. En el agua potable, la E. coli no debería aparecer nunca: se considera una evidencia clara de fallos de higiene.

En personas sanas, un contacto aislado a menudo provoca síntomas leves o ninguno. En cambio, personas mayores, niños pequeños, embarazadas o quienes tienen el sistema inmunitario debilitado reaccionan con mucha más sensibilidad. Precisamente para este grupo, merece la pena extremar la precaución con el agua a bordo del avión.

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