Bajo la penumbra de las copas del bosque, los gorilas han incorporado una afición que suena más a alta cocina que a vida salvaje. Nuevas observaciones revelan que estos grandes simios excavan a propósito en busca de una trufa poco común, y con ello ofrecen a los científicos una ventana inesperada al gusto, al aprendizaje y a la cultura en el reino animal.
Búsqueda secreta bajo tierra: qué desentierran de verdad los gorilas
Durante casi diez años, un equipo científico siguió a varios grupos de gorilas occidentales de llanura en el Parque Nacional Nouabalé-Ndoki, al norte de la República del Congo. Al principio, la escena parecía rutinaria: animales que rascan el suelo, desprenden raíces, se llevan algo a la boca y continúan su camino.
La sorpresa llegó al analizar con detalle lo observado. Gracias al estudio de muestras, los investigadores concluyeron que no estaban buscando insectos -como se había supuesto durante mucho tiempo-, sino una trufa que crece bajo tierra: Elaphomyces labyrinthinus.
"Los grandes simios del bosque lluvioso congoleño consumen con regularidad una trufa rica en nutrientes y oculta a gran profundidad en el suelo."
La identificación fue posible mediante análisis moleculares de diminutos restos de hongo adheridos al suelo en los puntos de excavación. Con esas huellas microscópicas, el equipo pudo demostrar sin ambigüedades que se trataba de esa trufa concreta, una especie que normalmente se asocia más a jabalíes o a perros especialmente adiestrados que a gorilas.
Conocimiento del bosque: sin rastreadores no habría habido avance
El hallazgo se apoyó en la colaboración con un rastreador experimentado del pueblo seminómada Bangombe. Gaston Abea, que lleva más de dos décadas trabajando con los equipos del parque, conoce al detalle los patrones de conducta de los gorilas.
Fue él quien señaló que el modo de cavar de los animales sugería algo distinto a la caza de escarabajos. Siguiendo su indicación, los científicos centraron la atención en hongos subterráneos y, finalmente, localizaron las primeras señales de Elaphomyces en el suelo removido.
- El Parque Nacional Nouabalé-Ndoki abarca más de 3.800 km² de selva tropical.
- En la zona viven alrededor de 180 gorilas occidentales de llanura.
- Solo una parte de los grupos muestra una excavación dirigida para encontrar trufas.
La combinación de conocimiento local y análisis de laboratorio se convirtió en la clave del trabajo, que más tarde se publicó en una revista especializada en investigación sobre primates.
Grupos gourmet de gorilas: no todos participan
Lo llamativo no es únicamente qué comen, sino quiénes lo hacen. En el parque, ni mucho menos todos los grupos parecen entusiasmados con este menú de trufas.
En particular, los grupos que los investigadores denominan Buka y Kingo excavan con una frecuencia notable para dar con los hongos. Otros, como el grupo Loya-Makassa, lo hacen mucho menos. Y eso no se explica por la distribución del recurso: las trufas aparecen en todo el territorio, de modo que no están limitadas a áreas concretas.
"El mismo recurso está disponible para todos los gorilas; se aprovecha sobre todo allí donde otros animales lo muestran."
Estas diferencias apuntan a que detrás del comportamiento hay algo más que hambre o azar. Los animales parecen influirse entre sí y consolidar preferencias alimentarias dentro del grupo, de forma parecida a cómo las personas transmiten especialidades regionales o recetas familiares.
Cómo el gusto se convierte en una cuestión social
Un caso especialmente revelador fue el de una hembra adulta que pasó de un grupo con poca experiencia en trufas a un grupo claramente “gourmet”. El equipo pudo seguir cómo su conducta cambiaba poco a poco.
Al comienzo, se mantenía apartada cuando otros excavaban en busca de trufas y se limitaba a observar. Con el tiempo, probó a rascar la tierra, aceptó fragmentos de hongo que otros le ofrecían y, finalmente, empezó a buscar trufas por sí misma.
Para los investigadores, esto constituye una señal contundente: la preferencia por estos hongos subterráneos no responde solo a la disponibilidad de alimento, sino que se aprende en un contexto social. En otras palabras, el gusto en estos gorilas tiene un componente cultural.
Qué hace tan valiosa esta trufa para los gorilas
Para muchos animales, las trufas son un pequeño paquete de nutrientes escondido bajo tierra. Aportan proteínas, minerales y grasas específicas que no siempre son fáciles de obtener con una dieta estrictamente vegetal. En el caso de los gorilas, que consumen sobre todo hojas, frutos y corteza, la ración de hongos puede funcionar como un complemento útil.
Además, se asocian otros posibles beneficios:
- Energía: las trufas concentran nutrientes en poco volumen, algo práctico cuando escasean los frutos.
- Micronutrientes: ciertos minerales pueden favorecer la salud general y la fertilidad.
- Flora intestinal: los hongos contienen compuestos capaces de influir y estabilizar los microorganismos del aparato digestivo.
También el propio bosque se ve afectado: muchos hongos dispersan sus esporas a través de las heces de los animales. Al comer trufas, los gorilas contribuyen sin pretenderlo a expandir estas especies fúngicas, una pieza más dentro del engranaje del ecosistema.
Cultura en los animales: los gorilas se suman a la lista
Lo observado en el Congo no es un caso aislado. Desde hace tiempo, los científicos han documentado que los grandes simios desarrollan tradiciones regionales y específicas de grupo: desde técnicas concretas para pescar termitas hasta formas de cascar nueces o de usar hojas.
En bonobos de África central se describió un episodio comparable: observar a animales que comían hongos llevó a la identificación de una nueva especie de trufa, que después se bautizó en referencia a ellos. En muchas sociedades de primates, gusto, aprendizaje e identidad de grupo están estrechamente conectados.
"Con quién se desplaza un gran simio no solo determina su vida social, también condiciona el menú."
En biología, “cultura” se utiliza aquí para referirse a conductas que no vienen determinadas genéticamente, sino que surgen dentro de un grupo por imitación y experiencia compartida, y pueden variar de una región a otra.
Cuando los gorilas gourmet obligan a ajustar planes de protección
La afición de los gorilas por las trufas también tuvo consecuencias para la gestión del parque. En una zona del territorio, el llamado Triángulo Djéké, estaba prevista una infraestructura turística. Carreteras, edificios y más tránsito: todos ellos factores capaces de alterar el suelo y el comportamiento de los animales.
Tras estos resultados, las autoridades rectificaron. El proyecto se trasladó para preservar las áreas de bosque en las que los gorilas buscan trufas con regularidad. Allí, ese patrón alimentario inusual ya se considera parte de una particularidad “cultural” propia y, por tanto, digna de protección.
Para la conservación, el caso deja una lección clara: si se trata a los animales como simples cifras dentro de un paisaje, se pasan por alto matices decisivos. Conductas específicas de cada grupo -desde rutas de desplazamiento hasta alimentos preferidos- pueden determinar dónde tiene sentido proteger y cómo conviene gestionar esas zonas.
Lo que podemos aprender de este caso
El estudio en la selva congoleña subraya el valor de la observación prolongada y paciente sobre el terreno. Un proyecto de corta duración probablemente habría interpretado las excavaciones como simples removidas fortuitas del suelo. Solo la documentación durante años, junto con las indicaciones del rastreador local, permitió reconocer los patrones.
De cara al trabajo con fauna salvaje, se desprenden varias enseñanzas prácticas:
- Las conductas pueden variar mucho por regiones, incluso dentro de poblaciones pequeñas.
- El conocimiento local de quienes viven en el área desde hace generaciones a menudo es imprescindible.
- Los hábitos alimentarios pueden delatar recursos invisibles del bosque, como la presencia de hongos ocultos bajo tierra.
Quien se acerca al comportamiento de los primates se encuentra una y otra vez con el concepto de aprendizaje social. Se refiere a procesos por los que los animales adquieren habilidades y preferencias observando a otros, sin depender de ensayos propios que, con frecuencia, serían arriesgados. Para los gorilas jóvenes, es una vía segura: se guían por miembros experimentados del grupo cuando exploran nuevas fuentes de alimento.
La mirada puesta en estos gorilas que excavan trufas abre así varias capas de lectura: muestra su flexibilidad y capacidad de aprendizaje, evidencia hasta qué punto su conducta se enlaza con tradiciones y pertenencia grupal, y demuestra cuánto pueden mejorar las estrategias de protección cuando se toman en serio estas diferencias finas.
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