En un momento marcado por el aumento de la actividad militar en el Pacífico noroccidental, la Flota del Pacífico de la Armada Rusa ha iniciado un nuevo despliegue de corbetas hacia el Mar de Japón, reforzando su presencia y su adiestramiento en uno de los espacios marítimos más sensibles del noreste asiático. La noticia fue difundida por medios oficiales rusos, que informaron de la salida de unidades de superficie desde sus bases del Lejano Oriente para ejecutar misiones de patrulla e instrucción en zonas consideradas estratégicas.
Aunque el comunicado no concretó con detalle el recorrido, los buques implicados serían corbetas modernas de la clase Steregushchiy, pertenecientes al Proyecto 20380 y/o a su variante mejorada Proyecto 20385, incluidas unidades como la Gromkiy (335) y la Sovershennyy (333), ambas adscritas a la Flota del Pacífico. Estos buques, con un desplazamiento aproximado de 2.200 a 2.500 toneladas, están concebidos para operar en entornos litorales y en mares cercanos.
Este despliegue llega apenas unos días después de que esas mismas corbetas tomaran parte en ejercicios antisubmarinos en áreas próximas al arco de las Kuriles, donde ensayaron la detección y la neutralización simulada de un submarino “enemigo” mediante el sistema Paket-NK. Aquel entrenamiento incluyó, además, prácticas de defensa frente a vehículos aéreos no tripulados y embarcaciones no tripuladas.
Para distintos observadores, el paso desde maniobras en zonas relativamente estrechas a un despliegue en áreas más amplias del Mar de Japón apunta a una secuencia deliberada de adiestramiento progresivo, combinando escenarios de guerra antisubmarina, defensa de superficie y control de espacios marítimos sensibles. Conviene recordar que el Mar de Japón es un área clave tanto para la proyección de poder de la Armada Rusa como para la vigilancia regional, en especial por su salida directa al Pacífico a través de los estrechos de La Pérouse, Tsugaru y Corea.
Las corbetas de la clase Steregushchiy citadas incorporan misiles antibuque, sistemas de defensa antiaérea de corto y medio alcance, sonar de casco y capacidades antisubmarinas integradas. Su diseño pone el acento en reducir la firma radar y en integrar sensores dentro de un sistema de combate centralizado, lo que les permite actuar como nodos en agrupaciones navales de mayor entidad.
En paralelo, Japón ha intensificado el seguimiento de los movimientos navales rusos en la zona, desplegando destructores y aeronaves de patrulla marítima cuando detecta el paso de unidades rusas por estrechos estratégicos. Esta dinámica de observación recíproca subraya, una vez más, la relevancia de estas aguas como uno de los espacios marítimos más sensibles del noreste asiático.
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