Saltar al contenido

La licitación de cazas de Portugal: Rafale, F‑35 y Gripen a examen

Piloto delante de un caza militar gris estacionado en pista con banderas de la OTAN, Portugal y Unión Europea.

La discreta licitación portuguesa para un nuevo caza se ha convertido en una prueba de estrés geopolítica, en la que el poder aéreo francés y el estadounidense se miden con la cruda realidad de los costes.

La Fuerza Aérea Portuguesa necesita sustituir su avión de combate, y lo necesita pronto. Lo que parecía un trámite a favor del F‑35 de Estados Unidos ahora se ve mucho menos claro: el Rafale de Francia ha pasado a encabezar la carrera, en Washington crece la inquietud y Estocolmo intenta un sprint de última hora con el Gripen.

El regreso inesperado del Rafale en Portugal

Durante buena parte del último año, la narrativa parecía cerrada. Portugal daría de baja sus veteranos F‑16MLU Fighting Falcon y, de forma casi automática, daría el salto al F‑35A, fabricado por el mismo gigante estadounidense que respalda su flota actual, Lockheed Martin.

En mayo de 2025, el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea Portuguesa, Cartaxo Alves, llegó a afirmar que el país no tenía “no other choice” que el F‑35. También describió en público al Rafale como menos avanzado que su rival estadounidense. En el entorno de la defensa, aquello se interpretó como una señal política contundente: Lisboa se mantiene en el carril de Estados Unidos.

Sin embargo, entre bambalinas el panorama era menos estable. En Portugal habían sentado mal comentarios previos de Donald Trump poniendo en duda la disposición de Estados Unidos a defender a aliados de la OTAN que no “pay enough.”. En ese contexto, atar la próxima generación del poder aéreo nacional todavía más a Washington empezó a percibirse como una apuesta más arriesgada que antes.

Esa cautela parece haber abierto la puerta a un giro llamativo. Fuentes francesas hablan del Rafale F4 como “in pole position” en la licitación portuguesa, lo que daría a París opciones de firmar un cuarto contrato moderno de cazas dentro de la Unión Europea tras Grecia, Croacia y Serbia.

La combinación del Rafale -menores costes operativos, libertad regulatoria y política europea- pesa ya casi tanto como las cifras puras de rendimiento.

Por qué Lisboa se está enfriando con el F‑35

El factor ITAR: la mano invisible de Washington sobre las exportaciones

Hay un argumento que aparece una y otra vez en Lisboa: ITAR. El Rafale se vende como “ITAR‑free,” y esa etiqueta importa más de lo que parece.

ITAR son las siglas de International Traffic in Arms Regulations, el marco normativo de Estados Unidos que define qué tecnologías estadounidenses se pueden exportar, a quién y bajo qué condiciones. Cualquier aeronave construida en torno a sistemas bajo control estadounidense puede sufrir restricciones, demoras o convertirse en una palanca política incluso años después de firmar el contrato.

El F‑35 está en el centro de ese sistema. Aporta a Portugal acceso a capacidades estadounidenses de furtividad, sensores y enlaces de datos, pero también deja interruptores clave en manos de Washington. Actualizaciones, cambios de software e incluso reexportaciones secundarias de componentes pueden requerir luz verde estadounidense.

El Rafale, en cambio, se apoya casi por completo en tecnologías francesas y europeas. Eso ofrece a Portugal más margen para:

  • Integrar armamento propio o de terceros sin permiso de Estados Unidos.
  • Vender o alquilar aeronaves más adelante sin un veto de Washington.
  • Negociar futuras modernizaciones directamente con París y Dassault.

Para una fuerza aérea pequeña dentro de la OTAN, una plataforma sin ITAR puede traducirse en menos quebraderos de cabeza políticos y más libertad para adaptarse a crisis regionales.

Las matemáticas implacables: combustible, mantenimiento y horas de vuelo

El dinero también atraviesa el debate político. La Fuerza Aérea Portuguesa necesita un caza que pueda permitirse operar con frecuencia, no uno que termine aparcado en refugios endurecidos.

Las estimaciones del coste de operación varían según la fuente, pero la tendencia se mantiene bastante consistente:

Caza Coste aprox. por hora de vuelo* Principal presión financiera
F‑35A USD 30,000–40,000 Mantenimiento complejo, gran huella logística
Rafale USD 15,000–20,000 Cadena de apoyo más pequeña y sencilla
Gripen E Estimado por debajo del Rafale Diseñado para operar con bajo coste

*Cifras basadas en estimaciones occidentales de fuentes abiertas; las condiciones reales de cada contrato varían.

El presupuesto de defensa de Portugal ya está tensionado entre compromisos OTAN, vigilancia marítima y prioridades internas. Un avión que consume presupuesto en cada salida se traduce en menos horas de entrenamiento, menor preparación y, a la larga, pilotos frustrados.

Aun siendo bimotor, el Rafale suele resultar más barato de sostener que el F‑35, cuyo fuselaje furtivo y sistemas muy dependientes del software elevan la complejidad. Consumo de combustible, repuestos, infraestructura de mantenimiento y formación de técnicos tienden a salir más económicos que en la opción estadounidense de vanguardia.

Política OTAN: volar con Washington, comprar a París

El F‑35 como distintivo de alianza

El F‑35 es algo más que un avión. En la OTAN funciona como una señal política. Los países que lo adquieren muestran una alineación clara con la política de defensa de Estados Unidos y se integran en una flota compartida donde datos, tácticas y logística se combinan a través de fronteras.

Para Washington, lo que elija Portugal tiene un valor simbólico. El F‑35 ya se ha convertido en el estándar de facto en varias fuerzas aéreas europeas. Si Lisboa se decanta por el Rafale, rompería ese patrón y daría visibilidad a un ecosistema europeo alternativo.

Por eso pocos esperan que Estados Unidos renuncie sin más. La presión puede adoptar muchas formas: gestos diplomáticos, incentivos industriales, promesas de cooperación más profunda o acuerdos de despliegue y bases. Portugal, con su costa atlántica y el archipiélago de las Azores, ocupa un espacio estratégico de primer nivel.

Elegir el F‑35 tranquilizaría a Washington; optar por el Rafale reforzaría la autonomía europea de defensa. En cualquier caso, el mensaje resonará mucho más allá de Lisboa.

La vertiente de defensa europea y el señuelo del SCAF

Si Portugal se inclina hacia Francia, el Rafale podría llegar acompañado de una cooperación europea más amplia. Responsables franceses sugieren en voz baja acuerdos posteriores en drones y, de manera más estratégica, una posible participación en el Future Combat Air System (SCAF), el programa de caza de nueva generación franco‑alemán‑español.

Portugal ya colabora en marcos de defensa de la UE, pero no ha vinculado su planificación de poder aéreo a un proyecto europeo concreto. Entrar en el “club Rafale” podría abrir:

  • Carga de trabajo industrial para empresas aeroespaciales portuguesas en mantenimiento o subsistemas.
  • Integración más estrecha con las flotas Rafale de Francia, Grecia y Croacia durante misiones OTAN.
  • Un posible papel de observador o socio en SCAF más adelante, en la década de 2030.

Esa vía daría a Lisboa más equilibrio: seguiría dentro de la OTAN, pero reduciría la dependencia de un único proveedor no europeo para capacidades de combate esenciales.

La ofensiva tardía del Gripen: el comodín sueco

Cuando el duelo F‑35 frente a Rafale empezaba a acelerarse, el fabricante sueco Saab, según se ha informado, entró en la carrera con el JAS 39E Gripen. Sigue siendo una opción con pocas probabilidades, pero su filosofía de diseño encaja con muchas limitaciones de Portugal.

El Gripen E apuesta por costes operativos bajos, mantenimiento sencillo y capacidad para operar desde aeródromos dispersos o básicos. No ofrece ni la furtividad del F‑35 ni la pegada de ataque pesado del Rafale, pero sí incorpora un conjunto moderno de sensores y enlaces de datos adecuados para misiones OTAN.

Los medios portugueses han presentado al Gripen como un posible elemento disruptivo, capaz de agitar la negociación de precios entre París y Washington. Aunque Saab no gane, su presencia en el concurso podría ayudar a Lisboa a obtener mejores condiciones, más compensaciones industriales o paquetes de formación más generosos por parte de los dos favoritos.

Lo que esto significa para el recorrido europeo del Rafale

Para Dassault y para Francia, un contrato con Portugal indicaría que el Rafale ha pasado de ser una “alternativa” a convertirse en un estándar creíble para fuerzas aéreas europeas de tamaño medio. El avión ya se ha impuesto en Grecia, Croacia y Serbia, combinando rendimiento en combate con ofertas políticas e industriales ajustadas a cada comprador.

Si Portugal elige el Rafale, quedaría claro que Estados Unidos no gana de forma automática dentro de la OTAN, ni siquiera en el segmento de cazas de alto nivel. También animaría a otros indecisos -por ejemplo, algunos estados de Europa del Este- a plantear competiciones reales en lugar de dar por hecho el F‑35.

Al mismo tiempo, una flota portuguesa de Rafale profundizaría la división interna en Europa entre redes de poder aéreo centradas en Estados Unidos y redes franco‑europeas. Esa brecha podría influir en cómo se negocian futuras misiones, presupuestos y rutas de modernización dentro del cuartel general de la OTAN.

Más allá del titular: lo que valoran las fuerzas aéreas pequeñas

El caso portugués subraya que las fuerzas aéreas pequeñas deben ponderar mucho más que el rendimiento que luce en un folleto. Entran en juego los itinerarios de formación de pilotos, el coste de los simuladores, el stock de armamento, la ciberseguridad de los datos de misión y el conocimiento industrial a largo plazo en el país.

La elección de un caza suele encadenar a un país a una relación de 30‑ to 40‑year. Los estándares de software, los derechos sobre los datos y los ciclos de actualización importan tanto como el alcance del radar. Un avión sin ITAR como el Rafale puede simplificar parte de esas decisiones, mientras que un ecosistema tipo F‑35 ofrece acceso a un enorme caudal de experiencia aliada, pero añade capas de supervisión estadounidense.

También existe un componente de riesgo. Si una aeronave resulta demasiado cara de operar al ritmo previsto, puede vaciar por dentro a una fuerza aérea. En lugar de 180 or 200 flight hours per pilot per year, los presupuestos podrían dar solo para la mitad. Las habilidades se erosionan, los tiempos de reacción empeoran y el caza que impresiona sobre el papel se convierte en un activo que apenas vuela.

En el lado positivo, una plataforma bien elegida puede convertirse en un centro de nuevas capacidades. Los operadores del Rafale, por ejemplo, suelen combinar el avión con drones armados, pods avanzados de guerra electrónica y armamento de precisión que pueden adquirir en el entorno regional. Los usuarios del F‑35 tienden a integrarse directamente en redes lideradas por Estados Unidos y se benefician de actualizaciones de software e inteligencia estadounidenses, a cambio de aceptar una mayor dependencia.

Portugal está ahora ante ese cruce de caminos. La decisión final dirá mucho sobre cómo imagina Europa el futuro de su cielo: bajo un paraguas tecnológico mayoritariamente estadounidense o en una senda más diversificada en la que diseños franceses, suecos y de otros países compartan protagonismo con el F‑35.


Comentarios

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Dejar un comentario