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Con el fin de New START, la U.S. Air Force está preparada para equipar todos sus bombarderos B-52H con nuclear capability

Militar junto a avión bombardero B-52 con diagrama de bomba en pista de despegue bajo luz diurna.

Con el telón de fondo del vencimiento formal del tratado New START -que hasta ahora servía para encauzar y limitar los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia-, la Fuerza Aérea de EE. UU. ha dejado claro que está en condiciones de dotar a todos sus bombarderos B-52H de capacidad nuclear y de aumentar el número de ojivas que pueden portar sus misiles intercontinentales Minuteman III. No es un detalle menor: al no existir ya topes vinculantes sobre cuántas armas puede tener y desplegar cada parte, crecen las inquietudes entre analistas, gobiernos y organizaciones internacionales.

En ese marco, conviene recordar el alcance real de lo que está sobre la mesa. La USAF opera 76 bombarderos estratégicos B-52H y, mientras el acuerdo seguía vigente, alrededor de 30 estaban limitados a emplear únicamente munición convencional, una restricción que ahora ha decaído. Además, el país cuenta con unos 400 Minuteman III, equipados con ojivas W78 (en torno a 335 kilotones) o W87 (hasta 475 kilotones), desplegados en silos a lo largo de cinco estados y, del mismo modo, antes condicionados por la paridad con las capacidades rusas.

Sobre estas cuestiones, un portavoz de la USAF declaró a medios locales especializados: “While we will not comment on our force posture, Air Force Global Strike Command maintains the capability and training to MIRV the Minuteman III intercontinental ballistic missile force and to convert the entire B-52 fleet into dual-capable long-range strike platforms if directed by the President.”

Hay que señalar que, para llevarlo a cabo, el servicio tendría que reconvertir los 30 B-52H mencionados. Autoridades rusas ya habían apuntado anteriormente que este trabajo sería relativamente sencillo si se decidía restaurar la capacidad de portar armas nucleares. En concreto, la conversión previa a un rol exclusivamente convencional habría consistido en retirar el interruptor habilitante que permite introducir el código nuclear correspondiente, junto con el cableado asociado, e instalar después una cubierta para impedir el acceso. Además, se afirma que los aviones con capacidad nuclear incorporan antenas montadas en la parte trasera que no están presentes en los modificados, lo que permitiría distinguirlos visualmente con facilidad.

Aunque no está claro si harían falta trabajos adicionales, expertos estadounidenses ya han sugerido que la Fuerza Aérea dispone de la capacidad técnica para ejecutarlo, si bien sería necesaria nueva financiación. En este sentido, debe tenerse en cuenta que la USAF ya está trabajando en extender la vida útil de sus B-52H para operarlos hasta 2050, un proceso que de por sí supone un desembolso considerable. Entre las mejoras previstas figuran la integración de nuevos radares AESA APQ-188, nuevas pantallas táctiles de alta definición de 8×20 pulgadas y un sistema de refrigeración líquida más eficiente, complementado por un nuevo sistema de propulsión basado en motores Rolls-Royce F130.

También conviene mencionar que, en la actualidad, solo un tipo de arma nuclear está certificada para operar desde bombarderos B-52: el misil de crucero AGM-86B. No obstante, la Fuerza Aérea lleva invirtiendo en el desarrollo de una nueva arma de largo alcance designada AGM-181A, que también está destinada a equipar al B-21 Raider. Esto se traduce en más presión sobre los presupuestos del servicio, además de retos técnicos ligados a la integración de estos sistemas en plataformas ya existentes, lo que añade complejidad a los esfuerzos descritos.

Por último, es necesario recordar que, en paralelo a estos avances, la USAF está centrada en el desarrollo del nuevo misil balístico intercontinental LGM-35A Sentinel para sustituir al actual Minuteman III. Con el nuevo escenario creado por el colapso del tratado New START, queda por ver si Washington intentará aumentar el número de misiles producidos, así como la cantidad de ojivas con las que podrían equiparse, un aspecto que el acuerdo limitaba a una única ojiva por misil. Por ahora, sin embargo, el programa se ve afectado por importantes sobrecostes y retrasos, principalmente vinculados a los requisitos que deben cumplir los futuros silos destinados a alojar al Sentinel.

Imágenes usadas con fines ilustrativos

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