El Skoda Enyaq se ha ganado un nombre por reunir casi todos los ingredientes que se le piden a un SUV familiar 100% eléctrico. Y ahora acaba de recibir una puesta al día.
Presentado en 2020, el Skoda Enyaq inauguró la etapa eléctrica de la marca checa. Fue el primer modelo totalmente eléctrico de Skoda y, desde entonces, se ha consolidado como un auténtico éxito: ya ha superado las 250 mil unidades vendidas en todo el mundo.
Construido sobre la conocida plataforma MEB del Grupo Volkswagen -la misma que utilizan, por ejemplo, el Volkswagen ID.4 y el Audi Q4 e-tron-, el Enyaq mantiene la esencia de lo que Skoda suele hacer especialmente bien: mucho espacio, soluciones sencillas y un enfoque eminentemente práctico.
Cinco años después de su debut, el Skoda Enyaq recibe la esperada actualización de mitad de ciclo. Se reconoce por un aspecto más alineado con los modelos más recientes de la gama y por unos argumentos más sólidos, sobre todo en la versión Sportline 85 que he probado. En este acabado, la lista de equipamiento de serie es (muy) generosa y el precio sigue estando muy bien planteado.
Con todo, sus puntos fuertes no se limitan al diseño o a la dotación. Tras varios días con él, queda claro que no es “un eléctrico más”. De hecho, probablemente sea uno de los mejores Skoda que se pueden comprar hoy; y a continuación explico por qué.
¿Qué cambia en este “nuevo” Enyaq?
Empecemos por lo evidente. Como suele ocurrir en los facelifts, las cotas no varían. El Skoda Enyaq conserva sus 4,66 m de largo, 1,88 m de ancho y 1,62 m de alto. Por tamaño, encaja entre un Skoda Karoq y un Kodiaq, aunque está mucho más cerca de este último, algo que se traduce en un beneficio claro en habitabilidad. Pero de eso hablamos ahora.
En el apartado visual, sí hay novedades importantes. El cambio más llamativo está en el frontal, que adopta el nuevo lenguaje de diseño “Modern Solid” de Skoda, estrenado por su “hermano” Elroq.
El emblema de la marca desaparece en ambos extremos y lo sustituye el nombre “Skoda” escrito. A la vez, también se revisa la firma lumínica. Si en la zaga se mantiene fiel a la “fórmula” original, en la parte delantera los faros principales pasan a estar separados de las luces diurnas LED.
Por lo demás, este modelo sigue diferenciándose de otros eléctricos porque no “va gritando” lo que es. Conserva una imagen robusta y con cierta deportividad, que en esta versión Sportline se refuerza con varios detalles en negro brillante y llantas de 20" -o de 21", opcionales-.
Eso sí, estos elementos, por desgracia, quedan bastante camuflados cuando se combinan con la pintura Negro Magic de esta unidad. El resultado es un conjunto demasiado homogéneo que oculta parte de la personalidad visual del modelo.
Interior del Skoda Enyaq: (muchísimo) espacio
Al pasar al habitáculo aparece uno de los argumentos más potentes del Enyaq -y, en general, de cualquier Skoda-: el espacio. En este sentido, la marca ha sabido exprimir la plataforma MEB como pocas, utilizando literalmente todos los “rincones” disponibles.
El resultado es una sensación de amplitud notable en las plazas delanteras y, sobre todo, en las traseras, donde tres adultos pueden viajar con comodidad. El suelo completamente plano es clave para que esto sea posible.
Ya en el maletero, la capacidad es de 585 litros, una cifra de referencia en su segmento. Para ponerlo en contexto: son 42 litros más que en el Volkswagen ID.4, 65 litros más que en el Audi Q4 e-tron y 115 litros más que en el Ford Explorer, que también se apoya en la plataforma MEB.
En posición de conducción tampoco hay demasiado que reprochar. Personalmente preferiría ir sentado un poco más bajo, pero conviene recordar que hablamos de un SUV, pensado precisamente para ofrecer una postura más elevada.
Aun así, mención muy positiva para los asientos: además del mayor apoyo lateral -cortesía de este Sportline-, cuentan con múltiples reglajes (eléctricos), lo que permite encontrar la postura ideal con facilidad.
A esto se suman la función de masaje y la calefacción. Si la primera, en mi opinión, es prescindible, la segunda resulta muy útil en días fríos -y, créame, se nota de verdad-.
Confort como prioridad
En carretera, el Enyaq no se esconde: aquí manda el confort. Gran parte del mérito es del chasis adaptativo DCC de esta unidad, que hace auténticos “milagros” sobre firmes más deteriorados -hasta se nos olvida que llevamos más de dos toneladas “entre manos”-.
Con 15 niveles de ajuste, la suspensión se adapta a los cuatro modos de conducción disponibles: Eco, Normal, Sport e Individual. En este último, se puede configurar el tarado del amortiguador a gusto del conductor, además del peso de la dirección -siempre precisa y directa- y la respuesta del acelerador.
Aun así, tengo que admitir que elegir entre el ajuste más blando y el más firme termina siendo un ejercicio de equilibrio. Como dice el dicho, “en el término medio está la virtud”, y precisamente en los niveles intermedios fue donde el Enyaq se percibió más redondo; es decir, con un compromiso convincente entre comodidad y control de la carrocería.
Competente a ritmos más “vivos”
Cuando se le exige más, la suspensión hace un gran trabajo controlando los movimientos de la carrocería. Sin embargo, cuando llegan las curvas más cerradas no hay magia posible: los casi cinco metros de largo y las más de dos toneladas se dejan notar. Si ese es el objetivo principal, el Skoda Enyaq RS encaja mejor.
En cuanto al rendimiento, el motor eléctrico (AP550) del SUV checo, con 210 kW (286 CV) y 545 Nm, destaca por la facilidad con la que entrega su empuje. El modo Normal -que suele ser el punto más equilibrado en propuestas 100% eléctricas- aquí se siente sorprendentemente “enérgico”.
Por eso, me descubrí usando con más frecuencia el modo Eco, que en este caso convence porque no se vuelve desesperadamente lento, sino simplemente más progresivo.
Bajando el ritmo y entrando en consumos, la eficiencia es otro capítulo en el que el Skoda Enyaq sobresale. No solo es viable acercarse a los 15,1 kWh/100 km anunciados por la marca, sino incluso mejorar esa cifra: en uso diario, combinando ciudad, vías rápidas y autopista, conseguí 14,1 kWh/100 km.
Con estos consumos y la batería de 82 kWh, queda claro que se pueden recorrer más de 500 km entre recargas. Y cuando toca cargar, admite potencias máximas de 11 kW (CA) y hasta 135 kW en corriente continua (CC).
Precio competitivo
El Skoda Enyaq sigue colocándose entre los SUV 100% eléctricos con mejor relación precio/equipamiento, no solo dentro del Grupo Volkswagen, sino también en el mercado. Y cuando se analiza lo que ofrece de manera real, esa ventaja se vuelve todavía más evidente.
En la versión de acceso (60), el SUV checo parte de 41 457 euros. Frente a los rivales ya citados, es 743 euros más barato que el Volkswagen ID.4, se sitúa 4364 euros por debajo del Ford Explorer y cuesta 7999 euros menos que el Audi Q4 e-tron.
La unidad probada, eso sí, corresponde al acabado Sportline 85, cuyo precio arranca en 50 959 euros. A esta cifra se suman el techo panorámico opcional (1120 €), el Pack Ultra (3405 €) y la pintura Negro Magic (660 €), lo que deja el precio final en unos todavía razonables 56 144 euros.
Incluso así, cuesta “señalarlo” cuando se mira el conjunto: el equipamiento de serie es muy completo, el confort y el comportamiento en carretera destacan, el espacio es abundante y la eficiencia está a buen nivel.
En definitiva, creo que no es fácil encontrar un SUV eléctrico que ofrezca tanto por el mismo importe. Para quien esté listo para dar el salto a la electrificación, tengo pocas dudas de que el Enyaq es uno de los mejores Skoda que se pueden comprar actualmente.
Comentarios
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!
Dejar un comentario