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Prueba del Dacia Bigster, el SUV que tiene más sentido para Portugal.

SUV híbrido Didar Bigster en color verde estacionado en un interior minimalista y luminoso.

Si la versión GLP del Dacia Bigster logra sobresalir por costes, este Hybrid ofrece mucho más en todo lo demás.


Para situar el nuevo Dacia Bigster frente al ya conocido Duster conviene empezar por una idea muy simple: el espacio. De hecho, el propio nombre nace de un juego de palabras: Dacia une el término inglés «big» (grande) con el final de Duster; de ahí, Bigster.

Aunque el Bigster comparte plataforma y muchos componentes con el Duster, es el modelo con el que la marca rumana se estrena por fin en el segmento C-SUV, donde hasta ahora no tenía presencia. El Duster, por su parte, se mantiene un escalón por debajo, en el B-SUV.

En cifras, el Bigster suma 23 cm de longitud y 5 cm de altura respecto al Duster, conservando la misma anchura. Aun así, la medida que más se aprecia al entrar en el habitáculo es el incremento de 4,5 cm en la distancia entre ejes frente al Duster, más compacto.

A nivel estético, este nuevo SUV de Dacia conserva buena parte del lenguaje de diseño de la última generación del Duster: superficies marcadas, paragolpes con un aire más robusto y distintos detalles que elevan el conjunto y le dan un aspecto más sofisticado e incluso «convincente». Con todo, lo más sólido está puertas adentro.

En una palabra: espacio (Dacia Bigster)

Desde el asiento del conductor, ponerse al volante de un Duster o de un Bigster se siente casi igual. Al menos, hasta que miras por el retrovisor y te das cuenta de que la luna trasera queda notablemente más lejos. Además, esos 5 cm extra de altura pueden parecer poca cosa, pero en circulación urbana es una diferencia que se percibe.

Donde el cambio se vuelve evidente es en la segunda fila: el hueco para las piernas crece de forma clara y eso se traduce en un plus de comodidad para los pasajeros. Incluso me quedé pensando si no habría margen para una tercera fila, pero la marca asegura que ese papel ya está reservado al Jogger.

Y aquí está la curiosidad: aunque el Jogger es más pequeño que el Bigster en prácticamente todas las cotas exteriores, hay una excepción importante: su distancia entre ejes, que es casi 20 cm superior a la del nuevo SUV. Eso le permite ofrecer una tercera fila más aprovechable que la de muchos SUV de siete plazas.

Por esa razón, en lugar de asientos adicionales, este Dacia Bigster incorpora «solo» un maletero pensado para cumplir con las necesidades de una familia gracias a sus 546 litros.

Además, incluye un piso móvil con dos tapas rígidas que también pueden utilizarse como separadores. Debajo de ese conjunto hay un compartimento adicional donde puede caber, por ejemplo, una rueda de repuesto.

De vuelta a la plaza del conductor, la postura al volante es buena, y se dispone de ajustes eléctricos para la altura y la inclinación del respaldo.

La mayoría de los plásticos son duros, algo esperable en un modelo orientado a contener el precio; aun así, se nota una mejora evidente en la calidad de ajuste respecto a otros Dacia.

Un híbrido sencillo y ahorrador

En el mercado portugués, el Bigster con motor bifuel gasolina/GLP puede ser la elección más lógica para quien priorice el precio de acceso y, potencialmente, el gasto en combustible más bajo. Sin embargo, no todo el mundo quiere lidiar con la logística del repostaje, y además esa opción solo se ofrece con caja manual, lo que reduce su atractivo en ciudad.

Justo ahí es donde el Dacia Bigster Hybrid empieza a tener mucho sentido, tal y como ya vimos cuando Miguel Dias nos presentó este modelo.

Este Hybrid no exige enchufes ni hábitos especiales. En el día a día se usa como un coche convencional: se reposta y se conduce. Así de simple.

La diferencia llega cuando miras los datos del ordenador de a bordo. Para empezar, con el depósito lleno marcaba 990 km de autonomía. Y, además, las medias de consumo del Dacia Bigster Hybrid se empeñan en mantenerse cerca de los cinco litros. Al terminar la prueba, con bastante ciudad y algo de carretera y autopista, el registro final fue de 5,2 l/100 km.

Es un dato especialmente bueno si tenemos en cuenta que bajo el capó trabaja el nuevo sistema híbrido del Grupo Renault, que sustituye el motor de gasolina de 1,6 litros por uno de mayor tamaño, de 1,8 litros, acompañado por dos motores eléctricos. El principal, encargado de la tracción, entrega 49 cv; el segundo, que actúa como generador, aporta 20 cv. En conjunto, el sistema desarrolla 156 cv.

La caja automática Multimodo también responde mejor que antes, y la mayor cilindrada del motor térmico parece hacer que todo el sistema «respire mejor». Eso facilita la conducción urbana y ayuda a contener las cifras de consumo.

Dinámica en modo Bigster

Aunque el sistema híbrido es más potente, se nota que el Dacia Bigster en acabado Journey (el tope) está ajustado para priorizar el confort y el transporte familiar con seguridad. La suspensión está enfocada a filtrar irregularidades y a ofrecer una conducción fácil, relajada y sin pretensiones deportivas.

La unidad probada montaba llantas de 19” (de serie son de 18”), lo que aporta un apoyo más firme que se aprecia sobre todo en firmes deteriorados. Aun así, no llega a afectar de forma significativa al confort, que sigue siendo alto.

En el uso familiar también se agradece la buena altura libre al suelo, pese a contar únicamente con dos ruedas motrices, las delanteras. Evidentemente, no es un coche para plantearse rutas exigentes; pero sí permite salir del asfalto y acceder a zonas que muchos turismos ni se plantean.

El precio es un as, pero la fiscalidad no ayuda

Como ocurre con el resto de la gama, el gran argumento del Dacia Bigster es, muy probablemente, el precio. En el Hybrid, la tarifa arranca en unos competitivos 29 951 euros para el Expression. Es el nivel de acceso, pero aun así incluye un equipamiento de serie bastante completo.

La unidad que aparece en las imágenes de esta prueba corresponde al Journey, una de las terminaciones más altas -la otra es la Extreme-, con un precio base de 32 800 euros.

Aporta más equipamiento y, en concreto, este coche montaba prácticamente todas las opciones disponibles: la pintura Azul Índigo (600 euros), exclusiva de este modelo; el techo en negro (300 euros); las llantas de 19″ (300 euros); y el techo solar panorámico (1000 euros), además de otros paquetes.

Sumando todo, este Dacia Bigster Hybrid 155 se queda en un precio final de 35 952 euros, sin contar con gastos administrativos ni transporte.

La relación calidad-precio es difícil de pasar por alto, aunque queda lastrada por la fiscalidad del automóvil en Portugal, que continúa gravando la cilindrada.

Ya sea por ISV (Impuesto Sobre Veículos) o por IUC (Imposto Único de Circulação), el hecho de que el motor térmico supere el umbral de 1750 cm3 implica una penalización fiscal importante. Y eso pese a que el Bigster Hybrid es el que registra los consumos y las emisiones de CO2 más bajos de la gama.

En ISV, el nuevo 1,8 litros paga cerca de 1100 euros más que el 1,6 litros, y además abona más IVA, ya que este también se aplica sobre el ISV. En cuanto al IUC, paga 73 euros más (221,37 euros) únicamente por montar un motor de mayor cilindrada. Y, para ser Clase 1 en peajes, hay que adherirse a Via Verde.

Frente al Duster, la diferencia de precio ronda los 3500 euros si comparamos la misma motorización y el mismo nivel de equipamiento. ¿Compensa? La respuesta es clara: si lo que se busca es espacio, el sobrecoste tiene todo el sentido. En este nuevo Dacia Bigster Hybrid, lo único que realmente se echa en falta son las siete plazas…

Veredicto

Especificaciones técnicas

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