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China explora la Ruta del Mar del Norte hacia Europa, la nueva Ruta de la Seda

Coche eléctrico rojo estacionado en sala moderna con mapa mundial y reloj de pared al fondo.

China está buscando nuevas fórmulas para enviar a Europa automóviles, componentes y otros productos en menos tiempo, con menores costes y con menos exposición a vaivenes políticos. Detrás de ello hay una estrategia ambiciosa -por ahora bastante discreta- que ya ha dejado sus primeras pruebas tangibles.

Este mes atracó en Europa el carguero Istanbul Bridge, operado por la compañía china Sea Legend. A bordo viajaban 4000 contenedores (incluidos automóviles) desde China con destino al Reino Unido. La gran diferencia fue el itinerario: al utilizar la Ruta del Mar del Norte, el barco alcanzó Europa en solo 20 días, aproximadamente la mitad de lo que tardan otras opciones. Y podría haber inaugurado una cadena de travesías similares.

La nueva Ruta de la Seda

A este corredor ya hay quien lo describe como la “nueva Ruta de la Seda”. Su atractivo principal es recortar de forma casi drástica los plazos frente a los recorridos habituales por el Canal de Suez (40 días) o por el Cabo de Buena Esperanza (50 días). “Es algo que nunca hemos visto en el Ártico hasta ahora”, declaró a la CNN Malte Humpert, investigador sénior y fundador del Arctic Institute, una organización sin ánimo de lucro.

Para hacer viable el tránsito por esta zona -integrada en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Rusia- China se está apoyando en la flota rusa de rompehielos.

Se trata de buques de propulsión nuclear -que solo requieren repostaje cada 7 años- diseñados para respaldar la navegación en el Ártico y el futuro despliegue de la Ruta Marítima del Norte. Gracias a estos rompehielos, las travesías pueden ser más rápidas, más seguras y, en última instancia, realizables.

Aun con ese apoyo, moverse por el Ártico sigue sin estar garantizado. Hay obstáculos relevantes, aunque las posibles ventajas parecen, de momento, compensar el nivel de riesgo.

¿Cuáles son los riesgos?

La ruta gana en regularidad y factibilidad debido al deshielo registrado en el Ártico durante las últimas décadas. “Esta es realmente la primera vez que el cambio climático está alterando el mapa”, señaló Andrew Dumbrille, consultor estadounidense de la Clean Arctic Alliance.

Sin embargo, para este experto, menos hielo no equivale a una navegación más sencilla. “Es un error pensar que el deshielo permite que los barcos naveguen con más facilidad”, advierte.

En el recorrido aparecen varios “enemigos de la navegación”: oscuridad, temperaturas extremadamente bajas, niebla y placas de hielo inesperadas, capaces de dañar los buques. A esto se suma que, en condiciones tan extremas, prácticamente no existen medios de respuesta ante derrames de petróleo, lo que eleva el peligro de desastres medioambientales.

¿Cuál es el plan?

El impulso de la Ruta del Mar del Norte (también conocida como “Ruta de la Seda Polar”) abre para China oportunidades económicas y geopolíticas de gran alcance. Desde comienzos de la década, algunos barcos ya la utilizan en los periodos más templados -como verano y otoño-, pero el objetivo es ampliar el tránsito y convertirlo en un flujo regular.

Con el Ártico como alternativa, China pretende no solo acortar tiempos, sino también rebajar costes logísticos para que sus productos ganen competitividad en Europa. Con todo, a día de hoy esta ruta sigue siendo marginal en el comercio mundial: el año pasado la atravesaron únicamente 90 barcos, frente a los 13 mil que pasaron por el Canal de Suez.

Que este corredor termine consolidándose depende de factores como el coste, la capacidad de carga y la seguridad. China confía en el recorrido y ya está poniendo a prueba su rentabilidad y su viabilidad, un movimiento que mantiene en alerta a Europa y a Estados Unidos.

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