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Un santuario romano bajo una escuela en Frankfurt, Alemania

Hombre recoge monedas antiguas en un yacimiento arqueológico al aire libre rodeado de muros de piedra.

Investigadores informan de que un santuario romano descubierto bajo el solar de un colegio en Frankfurt, Alemania, ha sacado a la luz templos, fosas rituales, restos de banquetes y un esqueleto humano en un pozo.

En conjunto, estos hallazgos obligan a repensar el centro romano de la ciudad como un espacio sagrado, cuyos últimos años resultan mucho más extraños de lo que se había supuesto.

Santuario romano enterrado en Alemania

Bajo la nueva Römerstadtschule de Frankfurt, Alemania, el equipo de excavación ha destapado un santuario amurallado situado en el corazón de la antigua ciudad.

A partir de la lectura conjunta de muros, fosas y ofrendas, el arqueólogo Markus Scholz, de la Goethe University Frankfurt, sostiene que el complejo se levantó en el lugar donde durante mucho tiempo se esperaba encontrar un foro.

El nivel de suelo romano se ha conservado casi intacto, de modo que edificios, fosas y pozos colmatados mantienen todavía un relato continuo.

Esa coherencia poco habitual refuerza la idea de que lo ocurrido aquí no se explica únicamente por la actividad urbana ordinaria.

Edificios sin paralelos

Dentro del recinto se documentaron 11 edificios de piedra, levantados por fases, con una disposición que no se parece a nada conocido en las provincias romanas cercanas.

Más de 5.000 fragmentos de enlucido pintado y herrajes de bronce indican que algunas estancias estaban decoradas con viveza, lejos de ser simples espacios utilitarios desnudos.

«En la mayoría de las ciudades romanas, el centro urbano estaba definido por un foro. Nida presenta una llamativa excepción», afirmó el Prof. Dr. Markus Scholz, arqueólogo e historiador de las provincias romanas en la Goethe University Frankfurt.

Si el núcleo urbano giraba en torno a templos y no a una plaza de mercado, la religión pública pudo estructurar la vida cotidiana de forma directa.

Donde caían las ofrendas

Por el sector se abrieron unas 70 cavidades tipo pozo y diez fosas, y cada una contenía combinaciones distintas de cerámica, cenizas, huesos y tierras.

Los arqueólogos describen estas estructuras rellenadas con cuidado como deposiciones: colocaciones deliberadas realizadas durante actos de culto o en momentos de clausura.

Huesos de pescado, restos de aves, trazas vegetales y recipientes rotos apuntan a comidas celebradas cerca, tras las cuales parte de lo consumido se depositaba en las fosas.

Este patrón convierte la comida desechada en indicio de contacto con los dioses y, al mismo tiempo, plantea la cuestión más difícil: la del sacrificio.

Monedas y fíbulas

Un artículo de 2025 sobre 65 fíbulas procedentes del santuario transformó estos cierres de vestimenta en pistas sobre conductas rituales repetidas.

Junto con 254 monedas, esas fíbulas probablemente funcionaron como ofrendas personales, ya que era habitual entregar objetos valiosos allí donde se buscaba la atención divina.

Algunas piezas estaban todavía intactas, un detalle relevante porque la basura rota y los regalos colocados intencionalmente pueden narrar historias muy distintas.

Al comparar el lugar exacto en que apareció cada objeto, los investigadores pueden comprobar si los fieles preferían edificios concretos, determinadas fosas o fases específicas en la vida del santuario.

La pista más difícil

En uno de los pozos aparecieron una figura de bronce de Diana, una dedicación fechada el 9 de septiembre de 246 y un esqueleto humano.

Las monedas incluidas en el relleno indican que el pozo siguió abierto al menos hasta 249, situando esos restos en un momento tardío dentro de la historia del santuario.

La religión romana sí incluía sacrificios, pero las pruebas directas de víctimas humanas en esta región siguen siendo lo bastante raras como para exigir cautela.

Aun así, la combinación de un cuerpo, una divinidad y ofrendas fechadas hace imposible tratar este pozo como si fuera un vertedero cualquiera.

Muchos dioses juntos

Las inscripciones y las imágenes sugieren que el santuario se utilizó para rendir culto a varios dioses griegos diferentes.

En lugar de responder a un único culto, el complejo parece haber acogido a varios patronos divinos en el mismo centro cívico.

«Lo más probable es que el complejo funcionara como el corazón espiritual del asentamiento y puede que incluso desempeñara un papel regional más amplio», señaló Scholz.

Esa diversidad ayuda a explicar por qué soldados, comerciantes, vecinos y viajeros pudieron dejar ofrendas de tipos distintos.

Una capital de frontera

La Nida romana comenzó como base militar en los años 70 y terminó convirtiéndose en una capital civil muy activa. Para los siglos II y III, era el centro político, económico y religioso de una región más amplia.

La variedad cultural era clave, porque las ciudades de frontera reunían soldados, mercaderes, migrantes y familias locales que no compartían las mismas prácticas de culto.

Cuando una ciudad así colocaba los templos en el centro, la religión no era un adorno de fondo, sino una infraestructura pública.

Otra señal en las cercanías

Una inscripción de plata del cementerio de Nida, datada entre 230 y 260 d. C., constituye el texto cristiano más antiguo al norte de los Alpes.

Ese amuleto indica que, durante las últimas generaciones de la ciudad, convivieron prácticas sagradas marcadamente distintas, en lugar de una identidad religiosa única y ordenada.

Un hallazgo habla con palabras cristianas, mientras que el santuario se expresa mediante huesos, fosas, pintura, metal y silencio.

Vistos lado a lado, ambos elementos hacen que el Frankfurt romano tardío parezca menos estable y mucho más saturado de creencias.

Lo que dicen las muestras

Los investigadores ya han recogido 150 muestras de material vegetal y animal, porque los restos alimentarios pueden conservar elecciones que nadie dejó por escrito.

Las semillas quemadas pueden delatar cultivos o productos importados, mientras que los huesos muestran qué animales se seleccionaron, se consumieron o se dejaron enteros.

Cinco investigadores en etapas iniciales de su carrera trabajarán en el proyecto durante tres años, aportando al santuario la especialización necesaria para vincular estancias, comidas y ofrendas.

Cuando se integren esas líneas de evidencia, los restos rutinarios podrán distinguirse de los actos rituales con mucha mayor seguridad.

Lecciones de este santuario romano

El valor del santuario no reside en confirmar una única historia impactante, sino en conservar la forma en que una ciudad de frontera practicó la religión por capas.

A medida que se publiquen más pruebas, Nida puede aclarar cuándo el culto romano unió a la gente, cuándo la separó y cómo, de forma deliberada, llegó a su final.

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