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La Fuerza Aérea portuguesa prioriza la compra de, al menos, 14 cazas de quinta generación

Piloto militar con casco en mano observa dos aviones de combate estacionados en pista de despegue.

La era de los F-16 de Portugal se acerca a su fin

En Lisboa, el debate sobre qué debe sustituir a los veteranos F‑16 ha dejado de ser una idea difusa a largo plazo para convertirse en una decisión que aprieta. Las tensiones dentro de la OTAN, la presión de los grandes actores de la industria de defensa y la velocidad a la que evoluciona la guerra aérea están empujando a Portugal hacia la misma pregunta: ¿por qué caza de quinta generación apostará y cuántos puede pagar de forma realista?

La Fuerza Aérea Portuguesa (Força Aérea Portuguesa, FAP) lleva desde principios de los años 90 apoyándose en una flota de 24 cazas F‑16AM/BM. Han sido el pilar de la defensa aérea nacional, de las misiones OTAN y de la vigilancia habitual de los cielos europeos.

Según el jefe del Estado Mayor de la FAP, el general João Cartaxo Alves, el margen de tiempo se está agotando. Recuerda que Portugal recibió sus F‑16 más o menos a la vez que Dinamarca y Noruega, pero esos países empezaron a reemplazarlos hacia 2008–2009. Portugal, dice, está llegando tarde a ese cambio.

Algunos F‑16 portugueses llevan en servicio casi 40 años, una longevidad récord para la aviación de combate del país.

El general subraya que la FAP nunca había mantenido un caza en servicio durante tanto tiempo. Los fuselajes más antiguos rozan ya las cuatro décadas, incluso tras sucesivas modernizaciones. Los costes de mantenimiento suben y, además, estos aparatos ya no están al nivel tecnológico de posibles adversarios ni, en algunos aspectos, de aliados que han dado el salto a plataformas furtivas.

Una clara preferencia por el F‑35A

Oficialmente, Lisboa está evaluando varias opciones de quinta generación. En la práctica, el liderazgo de la FAP deja pocas dudas sobre cuál es su prioridad. En una entrevista reciente y amplia con el diario portugués Diário de Notícias, el general Alves mencionó repetidamente a un único candidato por su nombre: el F‑35A de Lockheed Martin.

Ya en 2019, la FAP había señalado que sus F‑16 seguirían en servicio “hasta su sustitución por aviones de quinta generación”. En aquel momento se interpretó ampliamente como una referencia velada al F‑35, teniendo en cuenta los estrechos vínculos de defensa con Estados Unidos y el peso del caza estadounidense en las decisiones de compra dentro de la OTAN.

El general confirma ahora que el proceso de sustitución ya está en marcha. Las conversaciones técnicas con las autoridades políticas continúan y la fuerza aérea está cerrando los detalles de su propuesta.

La FAP trabaja en una hoja de ruta que combina capacidades de quinta y sexta generación, con el F‑35A probablemente como pieza central.

¿Cuántos aviones? Entre 14 y 28 sobre la mesa

La cifra que emerge como referencia en estas conversaciones es la compra de al menos 14 cazas de quinta generación. El general Alves afirma que el pedido final podría situarse entre 14 y 28 aeronaves, con un planteamiento escalonado sobre la mesa.

  • Compra mínima contemplada: 14 aeronaves
  • Objetivo máximo: 28 aeronaves
  • Adquisición previsiblemente repartida en una o dos fases

Si Portugal se compromete en paralelo con programas de sexta generación, el general sugiere que la primera fase podría ser deliberadamente más limitada. Un lote inicial más pequeño daría tiempo a la FAP para integrar los nuevos aviones, adaptar infraestructuras y medir el impacto presupuestario antes de ampliar la flota.

La FAP también quiere mantener un principio de largo recorrido: operar dos tipos de aeronaves de combate al mismo tiempo. Este enfoque, común en muchas fuerzas aéreas, reparte riesgos y permite que diferentes aviones se especialicen en misiones distintas como defensa aérea, ataque a tierra o reconocimiento.

Equilibrar ambición y presupuesto

Para un país relativamente pequeño, adquirir hasta 28 cazas de quinta generación supone una decisión financiera de primer orden. El programa F‑35 implica no solo una factura de compra de miles de millones de euros, sino también décadas de costes de sostenimiento, formación e infraestructuras.

Lisboa tendría que renovar bases aéreas, instalar instalaciones de mantenimiento especializadas y formar a pilotos y técnicos en una plataforma mucho más compleja que el F‑16. Los sistemas logísticos y de software del F‑35 también exigen redes de datos seguras y de gran capacidad.

Portugal se enfrenta a una ecuación delicada: alinearse con la flota de cazas más avanzada de la OTAN sin tensionar en exceso su presupuesto de defensa.

Las alternativas europeas contraatacan

El entusiasmo de la FAP por el F‑35 no significa que la carrera esté decidida. El ministro de Defensa portugués, Nuno Melo, ha dejado claro que quiere competencia entre proveedores estadounidenses y europeos para “maximizar los retornos industriales y económicos” para el país.

Ese mensaje se ha escuchado con fuerza en Europa.

Saab y Dassault se mueven rápido

Poco después de que Melo planteara públicamente la posibilidad de alternativas europeas, el grupo sueco Saab entró en escena para poner en valor su JAS‑39 Gripen E/F. Saab inició contactos con Lisboa y presentó el Gripen como un caza polivalente rentable, pensado para operar desde pistas cortas o austeras e integrarse con facilidad en sistemas OTAN.

La francesa Dassault Aviation también está cortejando a Portugal con el Rafale, otro caza polivalente. Su CEO, Éric Trappier, confirmó en el Senado francés que Dassault está trabajando activamente con socios portugueses para hacer del Rafale una opción atractiva, especialmente mientras Portugal no haya firmado aún ningún contrato del F‑35.

Eurofighter tiende puentes industriales

El consorcio Eurofighter, representado por Airbus Defence & Space, ha firmado un memorando de entendimiento con la asociación de la industria aeroespacial portuguesa, AED Cluster Portugal. El acuerdo se centra en identificar oportunidades de cooperación ligadas a una futura compra de cazas, insinuando una posible candidatura del Typhoon.

Aircraft Origin Generation Key selling point
F‑35A United States Fifth Stealth, deep NATO integration
Rafale France 4.5+ Versatile multirole, mature export record
Gripen E/F Sweden 4.5+ Lower operating costs, flexible basing
Eurofighter Typhoon UK/Italy/Germany/Spain 4.5+ High-end air superiority, strong industrial links

Cada plataforma europea llega con su propio “paquete” industrial, con opciones para empresas portuguesas en mantenimiento, componentes y servicios de ingeniería. Ese factor industrial podría pesar mucho en la elección final de Lisboa.

Portugal mira proyectos de sexta generación como observador

En paralelo a la sustitución del F‑16, Portugal quiere tener presencia en el futuro del poder aéreo. Nuno Melo ha señalado la intención del país de participar, al menos como observador, en uno de los dos grandes proyectos europeos de caza de sexta generación.

Por un lado está el Future Combat Air System (FCAS/SCAF) franco-germano-español. Por otro, el Global Combat Air Programme (GCAP), liderado por Reino Unido, Italia y Japón. Ambos van más allá de un único avión: buscan crear redes de cazas tripulados, drones y sensores avanzados.

Lisboa espera que una implicación temprana en un programa de sexta generación dé a Portugal ventaja en tecnologías que marcarán el combate aéreo después de 2040.

De momento, Portugal no sería un socio pleno de desarrollo. Aun así, un rol de observador permitiría acceder a debates técnicos, hojas de ruta industriales y oportunidades de colaboración para empresas locales. También daría a la FAP una visión más clara de cómo debería evolucionar su flota cuando llegue el final de la era del F‑35 o del caza europeo que elija hoy.

Criterio militar vs elección política

El general Alves ha sido explícito sobre dónde cree que debe situarse la línea de decisión. Desde su perspectiva, corresponde a las Fuerzas Armadas recomendar la mejor solución estrictamente desde el punto de vista militar. Después, los responsables políticos ponderan coste, diplomacia e impacto industrial antes de tomar la decisión final.

Esa separación refleja tensiones presentes en varios países OTAN, donde los ministerios de Defensa equilibran expectativas de la alianza, industria nacional y presupuestos ajustados. Para Portugal, Estados Unidos sigue siendo un aliado clave dentro de la OTAN, pero la reciente incertidumbre política en Washington ha incrementado el interés por opciones europeas.

Lo que realmente significa “quinta generación”

Los cazas de quinta generación no son simplemente aviones más nuevos con mejores motores. El término suele referirse a un conjunto de características integradas en una sola plataforma: diseño furtivo para reducir la firma radar, potentes ordenadores a bordo, sensores avanzados y capacidad de fusionar todos esos datos en una imagen clara para el piloto.

El F‑35, por ejemplo, funciona casi como un nodo de sensores en el aire. Recoge información de su radar, sistemas ópticos y suite de guerra electrónica, y luego la comparte con otras aeronaves y fuerzas en tierra a través de redes seguras. Esa capacidad de intercambio de datos es una de las razones por las que tantos miembros de la OTAN lo han seleccionado, incluso cuando existen alternativas europeas.

Lo que este giro podría significar para Portugal y la OTAN

Si Portugal sigue adelante con una compra de F‑35A de 14 a 28 unidades, se unirá a un club creciente de operadores europeos del F‑35 que incluye a Italia, Países Bajos, Dinamarca, Noruega, Bélgica, Finlandia y Polonia. Esa alineación facilitaría el adiestramiento conjunto, acuerdos de mantenimiento y la planificación de misiones OTAN.

Por otro lado, optar por un caza fabricado en Europa podría reforzar vínculos industriales dentro de la UE y ofrecer mayor margen en transferencia tecnológica. Para trabajadores e ingenieros portugueses, eso podría traducirse en más empleo local y desarrollo de capacidades durante varias décadas.

Cualquier elección también marcará cómo contribuye Portugal a las misiones OTAN. Una flota de quinta generación daría a Lisboa más peso en vigilancia aérea, disuasión y operaciones de respuesta a crisis en el flanco oriental de la alianza o en el Mediterráneo. También elevaría las expectativas sobre niveles de alistamiento e inversión en armamento compatible, como misiles aire-aire avanzados y municiones guiadas de precisión.

Para quienes siguen estos debates, conviene tener presentes dos términos. “Superioridad aérea” se refiere a controlar el cielo para que los aviones enemigos no puedan operar con eficacia. Los aviones “polivalentes” (multirole), como los que Portugal está considerando, están diseñados para combatir aire-aire y atacar objetivos en tierra, dando a fuerzas aéreas pequeñas más flexibilidad con menos aeronaves.

A medida que Lisboa se acerca a una decisión, los F‑16 seguirán patrullando los cielos portugueses y de la OTAN. Pero su reemplazo ya no es un proyecto abstracto. Para el mando de la FAP, la era de la quinta generación debe arrancar con al menos 14 nuevos cazas -e idealmente más- si Portugal quiere mantener el ritmo de sus aliados y asegurar su espacio aéreo durante las próximas tres décadas.

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